Una obra imperdible

Noticias destacadas de Opinión

Ahora, cuando uno se pregunta qué regalar y qué regalarse de Navidad, encuentro una obra monumental, espléndida, escrita por la artista e investigadora Beatriz González, y editada por Villegas Editores: Historia de la caricatura en Colombia, que en tres tomos que suman 1.049 páginas retrata nuestra realidad, desde la Independencia hasta la era de Iván Duque, a través del dibujo artístico y lleno de humor de los más brillantes caricaturistas. “Es la historia de Colombia contada por la oposición”, como dice Benjamín Villegas, ese quijote de los libros que, desde hace 47 años, ha mantenido una editorial que ha publicado cerca de 600 obras, 300 de gran formato, de las cuales más de 200 han ganado, por su calidad, premios internacionales.

Historia de la caricatura en Colombia comenzó a ser elaborada hace 15 años, cuando González visitó a Villegas para indagar por su abuelo materno, el periodista Manuel José Jiménez, quien, en la primera mitad del siglo pasado, fue director y propietario de los semanarios Fantoches y Sal y Pimienta, donde las caricaturas ocupaban un espacio importante.

Villegas se enamoró del proyecto, durante tres lustros apoyó a González y, ahora, publicó esta obra, la cual, además de incluir los dibujos, da el contexto histórico en el que fueron hechos.

De manera que uno entiende por qué, en 1928, el maestro Ricardo Rendón, a raíz de la masacre de las bananeras, dibujó a Ignacio Rengifo, ministro de Guerra de Miguel Abadía Méndez, como una gran calavera que llevaba terciados un revólver, un machete, una daga y una botella, y sobre su frente tenía dibujado el símbolo del aborrecido Partido Comunista. Por qué, en 1949, Adolfo Samper pintó otra caricatura, La danza macabra, en la que un director de orquesta, cuyo sacoleva tenía un letrero que decía: “Directorio Conservador”, conducía una agrupación de calaveras que llevaban espadas con la leyenda “chulavitas”. Por qué una portada de la primera revista Semana, en 1946, traía un dibujo hecho por Jorge Franklin del presidente Ospina Pérez, con el signo pesos al fondo y una frase que decía: “Distribución equitativa del descontento”. Por qué Antonio Caballero, en 1978, pintó a Alberto Santofimio vestido a rayas, junto a una leyenda que rezaba: “Cárcel que no mata engorda”. Por qué Osuna, en 1988, dibujó una jirafa que miraba para los lados y decía: “No me imaginé que hubiera tanto laboratorio por ahí”, mientras que un rinoceronte casi la embestía y afirmaba: “Bueno, yo sí me había dado cuenta”. O por qué Matador, en el 2017, tituló una caricatura: “Lobo con piel de Duque”, y en ella un marrano con los rasgos del candidato, acaballado sobre un lobo feroz, se disponía a bajar una cuesta en la que una flecha indicaba: 2018.

De modo que esta obra, que trae además textos de Daniel Samper Pizano, Eduardo Arias y Juan David Giraldo, es no solo indispensable e interesante, sino entretenida. Es decir que puede convertirse en la mejor compañía para estas vacaciones en confinamiento.

Y a propósito de la Navidad, les regalo, queridos lectores, esta canción de Marta Gómez, Para la guerra nada, interpretada por la Orquesta Filarmónica de Medellín y cantada no solo por Marta, sino también por un grupo de colombianos refugiados en Canadá y por el Coro Reconciliación, integrado por víctimas del conflicto y excombatientes de las Farc, del Eln y de las Autodefensas. Porque en la música se hace posible la paz: https://youtu.be/sKb34myhS30.

¡Feliz Navidad!

www.patricialarasalive.com, @patricialarasa

Comparte en redes: