La importancia de los archivos para construir la verdad del conflicto armado

hace 1 hora
Por: Luis I. Sandoval M.

Una palabra de Isabel Rauber

Comparto en esta columna la primera página del prólogo que la prestigiosa socióloga argentina Isabel Rauber ha escrito para mi libro La naciente paz de Colombia, próximo a ver la luz. Su pertinencia la apreciarán fácilmente lectores y lectoras.

“La paz es un tema, un anhelo, una búsqueda y una dimensión de la vida social colombiana que inspira permanentemente las crónicas, reflexiones y militancia de Luis Ignacio Sandoval Moreno. Y ello se registra claramente en las páginas de este libro, La naciente paz de Colombia: oportunidad de reconciliación y cambio. Sus páginas condensan, a la vez que un testimonio valioso de un tiempo histórico, con sus protagonistas y sus políticas, un camino que devela búsquedas de opciones concretas para la superación social colectiva del sangriento e interminable conflicto fratricida, intencionalmente naturalizado como modus vivendi por la hegemonía del poder y sus tentáculos comunicacionales y culturales y, como él lo evidencia y fundamenta, retroalimentado también por la insurgencia.

Esta dialógica de la muerte que él desgrana magistralmente con el registro casi fotográfico del acontecer político del día a día —tanto en la búsqueda de la paz, como en los caminos que la impidieron u obstaculizaron o la abortaron hasta el presente— sintetiza no solo la estructura caduca de una sociedad que se desmorona, sino también, junto con ella, a sus actores centrales, protagonistas de lo que claramente identifica como “vieja política”.

Cautiva en decisiones y acciones de pocos, esa política ha desarrollado sus mecanismos de manipulación, alienación y destrucción de las conciencias, estimulando la fragmentación de los sujetos hasta convertirlos en antagonistas en confrontación constante por migajas del poder. No escapan a ello los sujetos populares. Pretender lo contrario sería una ingenuidad peligrosa. En primer lugar, porque el analfabetismo no es una categoría pedagógica solamente, sino también política y, en tanto tal, una importante herramienta de los poderosos para perpetuar su dominio.

Saber es poder, lo clarificó certeramente Paulo Freire; tal vez, por ello no fue muy querido entre los grupos de izquierda vanguardistas, elitistas, misóginos, profundamente excluyentes de los pueblos y sus saberes, sus identidades, sus miradas y propuestas. Considerándolos seres sin almas (entes animados), cual los conquistadores a los pueblos indígenas originarios, el vanguardismo fue parte del engranaje de la hegemonía del poder: profundizó las fragmentaciones sectoriales, construyó muros teórico-conceptuales entre los que “saben”, deciden y mandan, y los que “no saben”, nunca sabrán y solo les toca obedecer, entendiendo por ello “materializar” (hacer realidad) políticas definidas por otros.

Fals Borda participó también de la mirada de Freire, llegó a similares conclusiones y con ese bagaje sociocultural y posicionamiento político compartió con Camilo Torres la definición de clase popular como sujeto colectivo (plural, diverso, multicultural y plurinacional)Asumir al pueblo como sujeto plural implica superar, dejar atrás, la “estrechez” de la concepción “clasista” que identifica únicamente a la “clase obrera” (idílica) como sujeto del cambio revolucionario en las sociedades latinoamericanas. Factor que sigue siendo, indudablemente, el desafío político central de este tiempo centrado en la defensa integral de la vida. Y remite directamente a pensar la política y sus protagonistas desde otro lugar, posicionándose en la raíz de los problemas, con el pueblo —articulado en su diversidad— protagonizando su historia.

Sin embargo, una suerte de ceguera persiste todavía en sectores de la izquierda partidaria e intelectuales que se resisten a quitarse las anteojeras para ver, escuchar y dar cuenta de lo que nuestras realidades sociopolíticas descubren. Por eso, el grito de los excluidos es la primera expresión de la existencia de ese sujeto diverso, plural, aunque aún desarticulado, fragmentado, atomizado y —no pocas veces— enfrentado entre sí”. 

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