Por: Columnista invitado

Una pasión llamada Brasil

La conexión de un hincha del fútbol con Brasil va más allá de la frase de cajón con la que se lo declara “el país del fútbol”.

 No es lo mismo que un Mundial se haga aquí que en Sudáfrica. Se sabe que el balompié como disciplina deportiva fue importada desde Inglaterra a São Paulo a finales del siglo XIX por el hijo de uno de los empleados del ferrocarril de esa ciudad. Luego de jugar en el Southampton vino y fundó en 1888 el primer club profesional, el São Paulo FC. Fue en la época en que el fanatismo se dividía entre la neorreligión y la neorrepública, como en La guerra del fin del mundo, ficcionalizada por Vargas Llosa en el estado de Bahía.

El crédito a Charles William Miller es pura casualidad ante la evidencia de ver jugar a los brasileños en las barriadas con la pelota pegada a los pies descalzos, una relación natural formalizada por un británico. Imágenes similares abundan en los barrios marginales latinoamericanos, pero hay una magia en estos futbolistas que conmovió al gran escritor español Miguel Delibes en su libro El otro fútbol, cuando confrontó el jogo bonito de la selección de Brasil con “el temor defensivo y la especulación atacante” de su equipo nacional en España 82. Voy más atrás, a escarbar la historia sentimental de cada cual para preguntar: ¿Cuándo y cómo se acercó por primera vez al fútbol brasileño? En mi caso recobro imágenes imborrables de la niñez: mi papá en su sillón, alienado frente al televisor, viendo un sábado a las 9:00 a.m. Fútbol, el mejor espectáculo del mundo, a través del que Alberto Piedrahíta y David Cañón le mostraron a los colombianos que en torno al balón Brasil había construido una cultura. Al principio peleamos porque a esa misma hora, por el otro canal, pasaban Los Superamigos, pero él me enseñó a ver al Santos en el que había jugado Pelé, al Flamengo de Zico. Partidos de alta calidad —entonces no se llevaban a los mejores jugadores a Europa— y el Maracaná repleto para clásicos como el Fla-Flu. Ese programa transmitía una atmósfera festiva con samba de fondo. Doble goce.

Una de mis primeras frustraciones deportivas fue, como lamentó Delibes, que Brasil no fuera campeón en España 82. Esa educación sentimental, jugadores como Freddy Rincón y un hermano radicado en Brasilia han mantenido mi vínculo con Brasil, hoy revalidado por el Mundial 2014, un viaje a los afectos engendrados desde el amor al balón. Dice Juan Villoro en Balón dividido: “Vemos partidos y escribimos de fútbol para recuperar la infancia”.

Nelson Fredy Padilla C.

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