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hace 3 horas
Por: Augusto Trujillo Muñoz

Una pausa refrescante

La idea de separar el proceso de paz del proceso electoral puede ser conveniente, saludable, útil.

Lo primero porque, como lo expresé hace algunos meses en esta misma columna, el proceso electoral se ha convertido en el mayor enemigo del proceso de paz. Es un grave elemento de perturbación, incluso puede llegar a ser de turbación de la convivencia. Sólo sirve para alborotar los ánimos en momentos que exigen serenidad de espíritu. Al país lo han polarizado sus propios dirigentes más de la cuenta. Eso es irresponsable.

Lo segundo porque los procesos electorales invitan a la competencia y el proceso de paz invita al consenso. Al menos así debería ser en una sociedad políticamente civilizada. Alguna vez Enrique Santos Calderón comentó que el actual conflicto colombiano es prácticamente único en el mundo por sus características: no tiene componentes étnicos, ni religiosos, ni de separatismo territorial: su solución política puede recibir nuevos aires después de una refrescante pausa.

Pero también es útil si se hace –como lo está planteando el presidente Santos- de cara al país. El proceso debe tener dolientes en la opinión pública. Si bien es cierto que, hasta ahora, no ha despertado mucho entusiasmo, también lo es que su ruptura produciría desasosiego. Sería más útil aún si va acompañada de una declaración de los sectores políticos comprometidos en el proceso electoral, en el sentido de que mantendrán el proceso de conversaciones si resultaren favorecidos con el veredicto de las urnas. 

El proceso de paz ya no tiene reverso. Las declaraciones del vocero de las ‘Farc’, en el sentido de que el país necesita un discurso moderno, como el que expone el presidente Santos, significa que se ha avanzado en la construcción de confianza pero también que comienza a haber coincidencias de fondo en las conversaciones. Por primera vez se puede atisbar, sin ser utópico, un escenario de post-conflicto en la línea del horizonte. 

Las declaraciones del vocero de las ‘Farc’ –que seguramente recibió bien la gran mayoría de los colombianos- eran impensables hace sólo unos meses. Me temo que el proceso electoral es la única razón para explicar las reacciones que –desde la derecha y desde la izquierda- dejaron constancia de su desacuerdo en cuanto tales declaraciones suponían un reconocimiento a Santos. Es increíble. Unos llamando a somatén y otros situándose a la izquierda de las ‘Farc’. 

A veces parecería que no tienen la menor idea de lo que significa la política como ejercicio de la inteligencia, para llegar a acuerdos de mínimos. Pero no. Es que los obnubila el proceso electoral. Por eso la pausa sería no sólo refrescante sino esperanzadora.

@inefable1, [email protected]

 

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