Por: Columnista invitado

Una película imperdible

Por: Guillermo González Uribe

Quien se acerque al documental El silencio de los fusiles sin prevenciones será testigo de primera línea de los incansables esfuerzos realizados para lograr el fin de la guerra con las Farc.

La directora, Natalia Orozco, sigue de cerca, desde los primeros contactos confidenciales hasta la firma de los acuerdos, a los protagonistas de esta gesta por alcanzar la paz con la guerrilla más poderosa y longeva del continente, por lograr ponerle fin al conflicto armado más antiguo de América.

Son torrentes de entrevistas y sucesos; momentos de optimismo junto a otros de frustración y tristeza. A través de las dos horas de proyección, que parecen mucho menos por el ritmo narrativo, desfilan por nuestros ojos, por nuestros oídos, por nuestras mentes, docenas de personas que hicieron posible el Acuerdo de Paz, así como la voz de su principal crítico.

La cámara registra las etapas cruciales del proceso. Aquellas de alegría y optimismo, y otras de desacuerdos, desencuentros, desaciertos. Instantes en que, meses antes de llegar al pacto final, se creía que faltaban pocos días, pocas palabras para cerrarlo, junto a circunstancias en las que de un lado u otro parecía que la contraparte no era seria, que no estaba jugando claro ni limpio, que las conversaciones llegaban a su fin sin resolver el conflicto.

El respeto por todos, incluso por los contradictores, es la línea de acción de la directora. Ella no es complaciente; a cada cual le hace las preguntas necesarias en cada situación, así duelan. Logra recoger, como buena reportera, el sentir de estos personajes en los instantes límite del proceso.

El silencio de los fusiles, documental realizado a lo largo de seis años, es el más completo registro que se ha hecho del proceso. Es un compendio imprescindible para conocer y comprender el hito que marca el inicio de una nueva etapa en la vida del país.

Es necesario agradecer los esfuerzos de la directora por abarcarlo todo, y el empeño de tantas personas de orillas tan opuestas para dar vida a este momento que abre las compuertas del escenario político a nuevos actores desarmados, que están llamados a oxigenar la vida política del país, hoy teñida por el odio, la intransigencia, la corrupción y el deseo de los sectores más retardatarios por conservar sus privilegios a sangre y fuego.

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