Por: Carlos Villalba Bustillo

Una presa apetitosa

Al despuntar este año electoral, el registrador nacional del estado civil, cuyo período vence pronto, declaró que las elecciones de octubre costarán la bicoca de $600.000 millones.

Como exclamaría cualquier parroquiano al escuchar tamaña cantidad para gastar en el sector público: ¡Cuántos ceros tentadores! Pablo y Bernabé hubieran implorado la gracia (y las luces) del Señor para no escarmentar de nuevo con las piedras y los insultos de los gentiles.

Divulgado el guarismo, los apetitos se alebrestaron y hay ya duros de la jerarquía judicial –definidora del nombre que ha de reemplazar a Carlos Ariel Sánchez– pensando en esa presa apetitosa. Hay uno que conoce tan bien los vericuetos de la maraña electoral (la manoseó durante cuatro años) que –dicen los arúspices que ofician en el Pomeriggio– la sueña para sí mismo y no descarta participar en el concurso de méritos.

Uno podría creerlo todo estando Colombia como está, pero dudo que despojarse totalmente de delicadeza para tomarse una fuente de contratos por $600.000 millones se abra camino sin que surja un estrépito con juicio de opinión y debido proceso periodístico, incluyendo la intervención del presidente de la República. Bueno es culantro, pero no tanto. El desplome de los valores es tan apabullante, que ya la razón no es la guía principal en las decisiones de Estado.

Me temo que si continúa este festín de sinrazones las exequias de la paz de La Habana, de suscribirse algún día, se cumplirán con la criatura recién nacida. No sólo la lucha por la tierra y las posibilidades de hacer política sin exclusiones arreciaron la guerra subversiva que no termina. Los desafueros administrativos y políticos del último medio siglo aportaron al río de sangre que aún nos aprieta el cuello, y la corrupción y los abusos contribuyeron a la proliferación de grupos insurgentes y a la degradación del conflicto con las Farc y el Eln.

Pero el tamaño de la presa desespera. Los políticos querrán soltar sus ases, y como se sienten con derecho a barajar en los otros dos órganos del poder, están listos para inscribir a sus ahijados en el concurso. No será extraño encontrarlos en animados almuerzos y cenas con los dignatarios judiciales, y con la carnada en los anzuelos de la intriga. Pero hay magistrados que llegaron sabidos en peripecias, tanto o más que ellos, a sus pupitres de madera noble y gavetas pegajosas.

$600.000 millones. ¿Qué hocico insaciable contará con mayor opción para convertir en mejor salud las proteínas de la presa?

Uno que tenga en su hoja de vida experiencia en asuntos electorales, por ejemplo, y deje al mismo tiempo un alto cargo vacante por proveer. Ese encabezaría el concurso de méritos con base en el cual se confeccione la terna. En lenguaje coloquial: la tiene escriturada. De modo que los señores políticos quedan enterados de que tendrán empleos (delegados y registradores) pero no contratos.

 

 

 

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