Por: Cartas de los lectores

Una propuesta

Considero que se le ha dado vasta cobertura al tema del proceso de paz, desde diferentes ángulos, pero casi siempre desde la política y la economía.

Sin embargo, qué les dicen a los lectores “de a pie” sobre cómo afrontar individualmente una salida a un conflicto en el que seguramente se han visto implicados, qué hacer con el resentimiento, la desconfianza, el dolor, la venganza... No me refiero a una guía al estilo de autosuperación o de mensajes baratos de psicólogos que hablan del amor y la concordia. Hablo, y es precisamente mi idea, de que se haga una invitación a los intelectuales (¿académicos?) a escribir artículos sucintos en los que le cuenten a la sociedad cómo hemos manejado los colombianos este tipo de situaciones en otro tiempo, cómo lo han hecho otras sociedades, cuál ha sido el precio, ¿el olvido?, ¿el silencio?, ¿la rendición exhaustiva de cuentas? 

Una invitación a que nos cuenten o propongan qué proyectos han tenido que afrontar estas otras sociedades para rehacerse como comunidad y “curar las heridas”.

Pienso esto como una contribución muy valiosa que podría hacerse para darles a sus lectores elementos de reflexión, vías para afrontar en su vida cotidiana una eventual paz y las exigencias que esto les traerá como miembros de una sociedad.

Quizás esto se pueda hacer creando una pequeña sección en la que se publiquen las reflexiones que los intelectuales hayan hecho. He pensado, por ejemplo, en los filósofos Rubén Sierra (dirige la Cátedra de Pensamiento Colombiano) y Lisímaco Parra, y los antropólogos Myriam Jimeno (ha trabajado la antropología de las emociones) y Juan Álvaro Echeverry (acabo de leer un artículo de él que está por publicar sobre cómo los uitotos han manejado la memoria de la época de la Casa Arana; algo sobre esto salió en la revista Arcadia de este mes, pero con otro enfoque y otro autor). Haber conocido en algo el trabajo de estas personas me hizo ver que tienen mucho que aportar y me llevó a la idea que le propongo.

Dejo abierta la inquietud.
 
Felipe Solano Fitzgerald. 
Bogotá.
 
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