Por: Santiago Villa

Una protesta variopinta contra un Gobierno que no pinta

En un gesto de frivolidad, Iván Duque pretende resolver su crisis de gobierno contratando comunicadores y estrenando un programa de televisión, como si el problema fuese que la gente no le entiende, y no que el país está retrocediendo por su ausencia de liderazgo.

Que un ministro de Defensa, el mercader Guillermo Botero, deba renunciar poco antes del voto de su moción de censura solo para no sufrir la deshonra de que lo tumbe el Congreso, después de un año de mentiras y engaños, demuestra que el presidente está dispuesto a minar su gobernabilidad para proteger a un ministro. En un gobierno normal las cosas funcionan al revés: los ministros son los fusibles del presidente.

El problema es que este no es un gobierno normal, sino subnormal, pues el presidente es el subpresidente. Es evidente que Iván Duque no tenía la autoridad real para cambiar a Guillermo Botero y escoger a un nuevo ministro de Defensa. Esa era decisión de Álvaro Uribe. Por eso el remezón de gabinete llevó a que el reemplazo de Botero fuera el principal rival de Iván Duque dentro del Centro Democrático: Carlos Holmes Trujillo, un hombre que tiene mucho más peso político, por su experiencia, que el mismo presidente.

Con este nombramiento, Trujillo se perfila como el sucesor de Duque, e incluso como una figura que le quitará mucho protagonismo al presidente. Corremos el riesgo de que Duque se vuelva el subsubpresidente.

Que su gabinete le quite protagonismo a Duque es ya un asunto cotidiano. Los principales ministros no solo están más preparados y tienen más experiencia que el presidente, sino que detentan más poder dentro de su partido. Alberto Carrasquilla, Carlos Holmes y Nancy Patricia Gutiérrez son pesos más pesados que Iván Duque. Funcionarios nombrados por Uribe, que responden a Uribe y que Uribe decide si se quedan o se van.

Esta crisis en la figura del presidente no se va a solucionar y es uno de los principales motivos por los que la gobernabilidad del país se resquebraja: no hay comunicación eficiente con la Rama Ejecutiva, porque las grandes decisiones deben pasar antes por Uribe.

Esta es una de las muchas raíces del paro del 21 de noviembre, y es también el motivo por el que será muy difícil que las marchas se traduzcan a cambios o negociaciones para abrir la política pública del ensimismamiento en que se halla. Tanto los manifestantes como Rama Ejecutiva tienen poca capacidad de negociación.

Espero estar equivocado en esta apreciación, pero la dispersión de liderazgo en las marchas y el vacío de liderazgo en la Presidencia son una difícil combinación para generar a partir de la protesta cambios concretos y medibles, concesiones y caminos. Por eso me cuesta trabajo percibir que de esta marcha se desprendan cambios. Que sea más que un desfogue —por muy importante que esto sea— para el descontento, y una oportunidad para que la contraparte deslegitime la marcha porque hubo vandalismo. Un debate circular del que pocas veces salimos.

Es por esta incapacidad de maniobrabilidad y decisión que el subpresidente (¿o el subsubpresidente?), debilitado, impopular, solitario, ha decidido acudir a sus amigos cercanos, así esto resquebraje todavía más su destartalada reputación. La torpe táctica de la semana fue traer de la deshonra a Juan Pablo Bieri, el mentiroso alfil de la censura, para catapultarlo a un contrato de casi $20 millones mensuales, y encomendarle la tarea de hacer de Duque ese líder popular que nunca fue ni será.

Por decisiones irresponsables, desafiantes y torpes como esta es que los demócratas marchamos el 21 de noviembre; por no hablar, claro está, del baño de sangre en que se convirtió este país con solo un año de gobierno del Centro Democrático.

Twitter: @santiagovillach

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