Por: Eduardo Barajas Sandoval

Una prueba universal

El ataque viral que amenaza con convertirse en pandemia pone a prueba una serie muy amplia de capacidades y valores, que se relacionan con la índole de cada sistema político y con los niveles de la tolerancia mutua entre naciones, así como con las creencias y prácticas ancestrales de cada sociedad.

Los servicios de salud son apenas uno de los sistemas cuya idoneidad recibe el impacto de una amenaza como la del virus de la fiebre porcina que desde México aprendió a afectar a los seres humanos y halló con relativa facilidad la forma de trasladarse a otros países.

La capacidad de manejar situaciones de riesgo colectivo, para la que no todo el mundo está de verdad entrenado, involucra una serie de elementos de orden público y privado, científico y político, administrativo, cultural, informativo y pragmático, que sumados a la cooperación internacional se tienen que movilizar si se quiere salir de una encrucijada que aparece ante el conjunto de la humanidad como traída de otras épocas.

Los gobiernos, en algunos lugares del tercero y cuarto mundos, acostumbrados a pensar que con expedir decretos quedan armados para defender a sus pueblos de la agresión de esos seres invisibles que se cuelan por cualquier parte, están obligados a cambiar de actitud. El sentido pedagógico de la acción de gobernar se convierte en una exigencia ante la cual hay que responder con idoneidad, mediante el ejercicio de una pedagogía del ejemplo que a la vez demuestre la capacidad verdadera del liderazgo y del compromiso de los gobernantes con la responsabilidad de defender al conjunto de la sociedad.

Obviamente la ocasión es propicia para que se puedan identificar los defectos de cada sistema y de cada cultura política, en cuanto no faltará quien, desde la cima del poder, estime que las cosas no están para alarmar a la gente y prefiera aparentar, o practicar, una ausencia de ánimo que tiene el peligro de dejar que los ciudadanos terminen por morirse sin haber pasado por las angustias propias de las noticias difíciles de manejar.

Las diferencias de madurez entre los gobernantes y los sistemas de uno u otro país irán saliendo a flote. En unos casos los jefes de estado o de gobierno se dedicarán, como ya lo han anunciado, a verificar la situación en su territorio cada hora, y a orientar serenamente a sus conciudadanos, mientras que otros considerarán que tienen cosas más importantes que hacer. 

Los vicios, prejuicios y modales de cada sociedad aflorarán, de manera que en todas partes aparecerán conductas de defensa y protección individual o familiar, cuando no explicaciones seudo científicas que pretenderán dilucidarlo todo, con el riesgo de que algunas de ellas se conviertan en creencias colectivas y entren a formar parte del iconostasio nacional.

En éste, como en pocos casos, está a prueba la capacidad de comunicar los acontecimientos con precisión, es decir sin exageración, reprimiendo la gana de decir algo escandaloso para ser leído o escuchado, sin hablar de lo que no se sabe y sin conciencia del peligro de la mala información.

El comportamiento social mostrará una amplia gama de actitudes solidarias, individualistas, cooperantes, abusivas, defensivas, dubitativas, huidizas, derrotistas, esperanzadas, incrédulas o indiferentes. De allí cada sociedad obtendrá sus propias lecciones.

El comportamiento individual dentro del conjunto podrá observar las conductas propias de la condición de sospechoso o de depredador, porque nadie tendrá conciencia cierta de ser lo uno o lo otro. A lo anterior hay que agregar el muestrario de visiones sobre los asuntos internacionales y las proporciones del mundo, temas en los que todo tipo de ignorancias y prevenciones serán obstáculos por remover.

La lucha de la ciencia, y en particular de la medicina, por seguir salvando a la humanidad de los elementos que se aprovechan de su fragilidad, debe ser apoyada por todos. La tribu humana espera que su vanguardia, es decir médicos y científicos, con todos sus auxiliares, la salven de una amenaza común.

A los políticos compete liderar ese apoyo y dedicarse al tiempo a aliviar las desigualdades internas e internacionales en cuanto a la capacidad para afrontar el problema. Al establecer controles fronterizos deberán tener en cuenta que sin dejar de ser idóneos, deben evitar las consecuencias discriminatorias de medidas inadecuadas en el campo ahora más complejo de las migraciones. Todo lo cual implica tener la credibilidad que se deriva del buen criterio y de la virtud de la veracidad.

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