"Yo imito, no ridiculizo a los personajes": Hugo Patiño

hace 1 hora
Por: Rodrigo Uprimny

¿Una reforma judicial pero quirúrgica?

Los escándalos recientes de corrupción en la Rama Judicial son graves y se suman a otras deficiencias del sistema judicial, como su morosidad en ciertos campos. Algunos plantean entonces una reforma total a la justicia, como si ésta hubiera colapsado.

Pero no es así: al lado de esos problemas, la justicia colombiana tiene grandes fortalezas. Por ejemplo, la justicia colombiana es bastante independiente, pues la mayor parte de los jueces han llegado a su cargo por concurso y no deben favores. La tutela, a pesar de ciertas distorsiones, funciona bastante bien para la protección de los derechos fundamentales. Y el sistema judicial ha sido en muchos casos un contrapeso valioso a los excesos presidencialistas y a los abusos de las fuerzas políticas.

El desafío es entonces lograr una reforma a la justicia que preserve sus fortalezas, que no son pocas, pero al mismo tiempo corrija sus deficiencias, que tampoco son pocas. El riesgo de promover atropelladamente una reforma total es que aniquilemos los elementos positivos de nuestro sistema judicial sin realmente avanzar hacia una justicia eficiente y garantista. Eso fue lo que pasó con la abortada reforma judicial del año pasado.

Tal vez sea mejor pensar entonces en una reforma judicial puntual y quirúrgica. Que sea viable y modifique aquello que esté ocasionando los principales problemas. Y eso es posible, pues hay una evidencia clara y un cierto consenso político de que uno de los factores esenciales de ciertos deterioros de nuestro sistema judicial es el mal diseño del Consejo Superior de la Judicatura (CSJ), tanto de su Sala Disciplinaria (SD) como de su Sala Administrativa (SA).

No se trata de suprimir el CSJ, pues, por razón de la independencia judicial, la rama debe tener un órgano de autogobierno y una instancia disciplinaria interna. Pero, como lo hemos desarrollado en otros escritos en Dejusticia, la SA y la SD fueron mal diseñadas y esos defectos irradian a toda la justicia, lo cual es normal, pues si los órganos de gobierno y de control de una institución funcionan mal, eso afecta a toda la institución.

Deberíamos realizar entonces una reforma judicial puntual, pero profunda: corregir los defectos del diseño institucional de la SA y de la SD. Tendríamos así la institucionalidad necesaria para solucionar los problemas de la justicia que interesan al ciudadano de a pie, como la dificultad que tienen para acceder a ella.

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Es un gran honor haber obtenido el Premio Simón Bolívar a la mejor columna en prensa escrita. Pero quiero hacer una confesión, que espero no provoque la nulidad del premio. Mis columnas no son totalmente mías, pues antes de enviarlas para su publicación son leídas y criticadas por mis colegas de Dejusticia y por mi esposa. Su juicio severo, pero afectuoso, me ha evitado errores e incongruencias. Y por ello les dedico mi premio, pues, aunque asumo la responsabilidad de lo que escribo, entiendo que mis columnas son, en cierta medida, una obra colectiva.

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