Por: Oscar Guardiola-Rivera

Una revolución con clase

Se supone que las rebeliones no comienzan en los salones de clase.

Tampoco que las celebridades del mundo del espectáculo llamen a la revolución. Fue eso lo que ocurrió en Europa la semana pasada.

Según el columnista Aditya Chakravorty, un grupo de interesados se reunió en Cambridge para discutir la crisis económica y la “recuperación”. A pesar del contraste entre las finanzas y la reputación del lugar del encuentro y su objetivo, el resultado fue inesperado.

Un biólogo pidió que a Black y Scholes se les retirase su Nobel. La economista Victoria Bateman recordó a sus colegas, incluido el Nobel de 2003, Robert Lucas, la arrogancia de sus juicios de entonces. Lucas había dicho que “el problema clave de cómo evitar las depresiones ha sido resuelto”. El Lucas de hoy, dijo Bateman, no sólo no ha aprendido lección alguna tras el cataclismo de 2008, además continúa ejerciendo de mandarín para las élites que nos gobiernan, al igual que sus colegas. “Si quieren castigar a alguien por la crisis, cuelguen a los economistas”, dijo la economista, crítica de sí misma.

No sólo la visión ultraortodoxa, digo, clérigo-fascista de estos economistas continúa influyendo a ministros y presidentes. Además constituye un dogma religioso en las universidades.

Tal parece, sin embargo, que en los salones se cuece una reforma. Hace unos días, los estudiantes de la Universidad de Manchester pidieron a sus profesores diseñar un currículo inclusivo de visiones alternas al probabilismo y las ecuaciones que presentan la economía como si fuese vista desde la perspectiva de la divinidad.

Sorprende saber que Smith, Hutcheson, Millar y Marx —entre otros ilustres practicantes de la disciplina en estas islas— sólo se discuten en el patio trasero de los estudios sobre el desarrollo. “Keynes” es un término peyorativo, y la genealogía antidemocrática del principio sobre los precios de mercado surgido en la Alemania de los cuarenta y la España franquista se desconoce. Nadie ha escuchado hablar de un tal Raúl Prebisch, y menos de dependencia. Sospecho que en los salones de clase latinoamericanos la situación no es tan diferente.

Tiene razón Chakravorty. La economía debería ser una disciplina estudiada junto a la filosofía, el derecho, la historia, la política y las ciencias cognitivas, por lo menos. Sin embargo, tales discursos han sido exorcizados, condenados a los márgenes o la hoguera.

La reinvención de la economía tras la crisis aún no resuelta de 2008 jamás tuvo lugar. Quizás por ello ya estamos viendo en la mal llamada “recuperación” los mismos signos especulativos que causaron el estallido de la burbuja anterior.

Dios no puede salvarnos de estos inquisidores. Deberíamos hacerlo nosotros mismos, como pidió el comediante Russell Brand. Su entrevista en Youtube ya tiene tres millones de seguidores.

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