Por: Arturo Charria

Una rosa con espinas

Los signos tienen la capacidad de llenar de sentido lo que no cabe en las palabras. ¿Qué quiere comunicar entonces el logo de las Farc lanzado hace pocos días en el corazón político del país?

En tanto acto comunicativo las Farc lograron su objetivo: pusieron a todo el país a hablar de su rosa y de su nuevo-viejo nombre. Cada quien se armó una opinión. No fue una cosa menor, pues lograron mover la agenda de los medios que a pocos días de la visita del papa Francisco no tenían otro tema.

Las Farc lograron crear una campaña de expectativa. Durante toda la semana estuvieron reunidos en el Hotel Tequendama los excomandantes y sus cuadros más importantes. No es cualquier cosa sesionar en este hotel, pues éste es un ícono militar del país. No sólo porque fue construido por el general Gustavo Rojas Pinilla (allí dio su famoso discurso cuando le restituyeron sus derechos políticos en octubre de 1967), sino porque su gerencia y administración siempre ha estado a cargo de las Fuerzas Militares.

Así, mientras sesionaban desde el Hotel Tequendama en discusiones que poco interés despertaban para la opinión pública, el debate central en los medios era si se permitiría o no el uso de la Plaza de Bolívar para el concierto de lanzamiento de su partido. Para sorpresa de muchos, la plaza, engalanada para la visita del papa, fue prestada por la administración distrital para que las Farc hicieran, públicamente, el tránsito de la guerra a la política.

Del Tequendama salieron a la plaza. Pocos lo podían creer, la rosa con el nombre de las Farc se proyectaba en las paredes de los máximos poderes del país. Estaba en la restaurada fachada de la catedral y, en una imagen que será parte de la historia, se veían dos rosas de tamaño descomunal estampadas en las dos paredes del Congreso de la República mientras miles de militantes y curiosos asistían al acto organizado por el nuevo partido.

Ahora bien, el símbolo escogido por las Farc es uno de los más recurrentes en la historia de la humanidad. A primera vista lo alinea con los partidos socialistas del mundo. Desde el conocido puño cerrado con la flor erguida del Partido Socialista Obrero Español, hasta la geométrica rosa del "Socialdemokraterne" de Dinamarca. Sin embargo, como solía afirmar él semiólogo francés Roland Barthes: ningún significado agota el sentido de un símbolo. En este sentido, podemos jugar con la rosa de las Farc para encontrar otros mensajes contenidos en los nueve pétalos y la estrella roja, del que será el partido más poderoso de la izquierda colombiana.

La vitalidad de la rosa está marcada por el rojo intenso de sus pétalos. Habla de pasión y de amor, al tiempo que es el color que siempre ha acompañado toda gesta revolucionaria: desde el gorro frigio usado por los jacobinos en los tiempos de la Revolución francesa, hasta las banderas que ondeaban tras las imágenes de Lenin en octubre de 1917. La estrella está en las banderas de Cuba, de China, de Corea del Norte, de Vietnam y de la extinta Unión Soviética.

Pero no es la primera vez que las Farc usan la rosa para hablar de su tránsito a la vida política. Una bella canción de la UP, que aún suena en la memoria de sus militantes, sirve como testimonio: “Yo te daré, te daré patria hermosa, te daré una rosa, y esa rosa se lama UP: ¡UP!”. Sin embargo, esta rosa tiene una espina en su tallo, que hará sangrar a más de uno cuando trate de tomarla entre sus manos. Las cuatro letras verdes de su viejo-nuevo nombre son, para millones de colombianos, un doloroso recuerdo y mantenerlo puede resultar revictimizante para muchos que aún sienten la ausencia de una persona amada por causa de las Farc.

Una amiga suele decir que todas las rosas tienen espinas, pero ésta que las Farc decidieron dejar en su tallo alejará a otros sectores sociales que seguramente quisieran conquistar.

Buscar columnista

Últimas Columnas de Arturo Charria