Por: Luis Carlos Vélez

Una selección, un país

A los colombianos nada nos genera tanta alegría colectiva como la selección Colombia.

No existe un unificador nacional tan fuerte como nuestro equipo. Los días en que juega, sacamos nuestro uniforme amarillo y, sin importar lo que hagamos, entendemos que por unas horas jalamos para el mismo lado y rezamos por el mismo resultado. Son en realidad momentos únicos y poderosos, porque en un país de mezquindades, los instantes en que pasamos de ser individuos a un colectivo, son un verdadero tesoro.

El partido del viernes fue el reflejo de lo que fue esta eliminatoria, el paso de la decepción a la esperanza. Muy pronto comenzamos perdiendo mientras veíamos como Chile nos mostraba impotentes y derrotados. Esos primeros 45 minutos, como los primeros encuentros de nuestra selección bajo las dos batutas iniciales, fueron una pesadilla en la que no entendíamos por qué, si las individualidades eran tan destacadas, juntas se veían tan mal.

Pero el descanso intermedio fue un sacudón fundamental. Ojalá algún día conozcamos qué pasó en el vestuario durante esos 15 minutos. No sólo lo que dijo Pékerman, sino también lo que se dijeron los unos a los otros y, lo más importante, lo que se dijo cada uno en ese silencio intimo, en medio de la respiración acelerada y las palpitaciones del corazón retumbando en las sienes, para levantarse ante la adversidad.

Levantar un tres a cero es una labor titánica. Cuando vas perdiendo uno a cero, estás cerca de remontar. Cuando vas dos a cero, tu esfuerzo debe ser el doble. Pero cuando vas tres a cero, te están goleando y ya no solo la pelea es contra tu enemigo, sino contra ti mismo. Por eso lo del viernes fue algo extraordinario, tal y como lo fue revertir ese inicio de eliminatoria de derrota y escándalo.

No sé qué tan bueno sea Pékerman como técnico. No tengo idea si para bien el equipo o no. Si sabe de táctica o si hace los cambios bien. Lo que sí puedo ver, como todos, es que a los jugadores se les nota en esta selección algo que pedíamos hace 16 años: amor propio, tenacidad y resiliencia. Algo que como nación también necesitamos. Porque en la selección, como en el país, no todo es de técnicos o de presidentes, la responsabilidad es de todos los integrantes del equipo o de los ciudadanos cuando hablamos de nación.

Este equipo nos ha dado una lección de vida, trabajo en equipo, confianza, amor y ese elemento que suma tantas virtudes que en nuestra nación definimos como "berraquera".

Ahora viene otro reto mas duro. El desafío global. Un mundial nos hace vernos las caras con el resto del planeta y por algunos minutos nos obliga a emerger de ese corronchismo local que nos hace creer que somos lo mejor del mundo, enceguecidos por las luces de nuestros propios egos.

Para eso hay que trabajar con humildad y con convicción. Esta selección nos ha enseñado muchas cosas como país y tiene todo el potencial para seguir haciéndolo. En los colores y regiones de sus integrantes se reflejan el arcoíris de la nación que somos y los sueños que tenemos y podemos alcanzar. Gracias por las lecciones y seguimos aprendiendo de ustedes.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Luis Carlos Vélez

Mi novia es tan perfecta que debe estar loca

Mattos y los delitos cotidianos

Armas de desinformación masiva

Colombia, cómplice de Venezuela

Una semana de terror institucional