Una “Semana” después de Trump

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Son obvias las consecuencias negativas que traerá para el gobierno de Iván Duque su injerencia en la campaña electoral norteamericana a favor de Donald Trump, injerencia comprobada y que incluyó la participación del embajador de Colombia, Francisco Santos, según contó el expresidente Juan Manuel Santos: su primo el embajador llamó a un contratista del Pentágono para preguntarle cómo podía ayudar a Trump, y “esa persona le dijo (…) que estaba cometiendo un gran error, que incluso podría ser ilegal”. (Ver noticia).

Pero hay una segunda clase de consecuencias en las que no se ha reparado, y apuntan a los medios de comunicación que en Colombia han tomado una posición abiertamente favorable al uribismo, hoy en declive. Del mismo modo que con Donald Trump el gobierno de Duque desconoció que las relaciones con otros Estados parten del reconocimiento de un eje bipartidista, esos medios colombianos —como RCN, El Tiempo o Semana— han venido desconociendo que se trata es de hacer periodismo, no relaciones públicas ni activismo a favor de una causa política determinada. Hacer periodismo es ir en busca de la verdad, y el medio que no cumple con esta misión falta a la ética.

El caso de Semana reviste especial importancia porque nunca antes en la historia del periodismo se había dado algo tan sorprendente, que una revista de tanto prestigio y credibilidad, cuyo origen se remonta al expresidente y patriarca liberal Alberto Lleras Camargo, hubiera dado de la noche a la mañana un vuelco ideológico de 180° para caer en brazos de la extrema derecha.

En alguna columna anterior dije que hoy Semana es fiel reflejo de la aguda polarización política, y que allí conviven el uribismo fanático de una tropilla integrada por Vicky Dávila, Salud Hernández-Mora, Andrea Nieto y Luis Carlos Vélez, frente a una contraparte representada por figuras como María Jimena Duzán, Ariel Ávila (ya por fuera) o Antonio Caballero, y dije en consonancia que una mitad de su redacción se dedica a hacer periodismo… y la otra mitad, a hacer propaganda uribista.

Lo que no dije —y hoy lo tengo más claro— es que a raíz de la compra del 50 % de la revista por parte de la familia Gilinski se generó una nueva composición societaria, y en la práctica esto se expresa en que Gabriel Gilinski se apropió de Semana.com (o sea del área digital) y puso al frente a una “periodista” de abierta preferencia uribista, Vicky Dávila, mientras que Felipe López se quedó con la revista impresa que todos los sábados le llega a un número cada vez más reducido de suscriptores, para desdicha del verdadero periodismo.

Nadie puede negar que ese apoderamiento de lo digital, por parte de un empresario que según le confesó a Daniel Coronell (después de echarlo) llegaba con Semana TV a hacer el Fox News colombiano, ha traído como consecuencia inmediata la pérdida de credibilidad y en forma de súbito bajonazo.

No sería un error afirmar que el punto de quiebre de la credibilidad de Semana.com se presenta a raíz de la orden de detención que le dictó la Corte Suprema de Justicia a Álvaro Uribe el pasado 4 de agosto, frente a la cual doña Vicky jugó un papel de rabioso portaestandarte de la defensa uribista del capturado, hasta el punto de haber proferido unos días antes —enterada de lo que venía en camino— una amenaza contra el alto tribunal en estos términos: “Si a Uribe lo ponen preso, les doy una pésima noticia a sus malquerientes: no se acabarán los problemas que tiene Colombia. Tampoco llegará la paz que todos deseamos. Quizás la violencia se agudice. La Corte tiene la palabra”. (Ver columna).

El anuncio se convirtió en profecía, pues en coincidencia con la orden de detención arreció la violencia en número de masacres y asesinatos selectivos. Pero de eso no se le puede culpar a doña Vicky, aunque sí al Gobierno, por incapaz o por cómplice, vaya uno a saber.

Sea como fuere, de lo que sí se le puede culpar es de haber utilizado su columna y el medio que dirige (¿dirigía?) para asumir una defensa tan rabiosa de su admirado Álvaro Uribe Vélez que llegó hasta violar tanto la reserva del sumario mediante la publicación del expediente, como la vida privada del testigo Juan Guillermo Monsalve al divulgar una conversación con su hermana, vulnerando así sus derechos a la intimidad personal y familiar de ambos. (Ver noticia).

Hoy la opinión pública es consciente de que doña Vicky se pasó de la raya, del mismo modo que se pasó de la raya el embajador Francisco Santos cuando contactó a alguien del Pentágono para ofrecer la ayuda de su gobierno a favor de Trump. Esto traerá consecuencias —negativas, por supuesto— para ambos.

En lo que a Pachito respecta, es de Perogrullo predecir que su puesto en la embajada de EE. UU. no llega hasta el 20 de enero del año entrante, día de la posesión de Joe Biden. En cuanto a Vicky Dávila, el daño a la credibilidad de Semana ya está hecho, por cuenta de su cada vez más influyente presencia y la de su hoy jefe directo, un caprichoso copropietario yupi que es de esperar no termine por echar a pique tan importante medio.

De remate. Se le felicita al demócrata Joe Biden, pero se le advierte: en sus cuatro años de gobierno no podrá quitarse de encima a Donald Trump. Por el contrario, se le va a convertir en algo así como el tóxico e insufrible Álvaro Uribe de Juan Manuel Santos.

@Jorgomezpinilla

http://jorgegomezpinilla.blogspot.com/

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