Por: Álvaro Camacho Guizado

Una semana dura

ESTA SEMANA HA SIDO AGITADA, NO sólo en lo que respecta a las campañas políticas, en las que se ha visto desde la rapiña por la apropiación de la bendición del presidente Uribe, hasta la presencia de tíos, tías, primos, primas, hijos e hijas, y hasta cuñados y cuñadas de alcaldes, gobernadores y parapolíticos.

En Bogotá fue especialmente agitada por el paro de Apetrans, la empresa que supuestamente agrupa a los pequeños transportistas. Si esta representación es cierta, estamos frente a un paro exótico, pues lo realizan los menos poderosos del gremio, mientras los verdaderos grandes propietarios y mandamases del gremio permanecen agazapados, a la espera de quedarse con la gran tajada del pastel, representada en el control de las zonas en las que será dividida la ciudad para la prestación del servicio.

Frente a la justa indignación y rechazo que el paro produjo, se debe entender que esos pequeños transportistas no son el verdadero problema de Bogotá: éste reside justamente en la historia de esos poderosos que han controlado el transporte, y para esto se han valido de su “contribución” a las campañas políticas acarreando votantes, con lo que ganan el favor de los elegidos. Así se han hecho dueños del negocio. Por esta razón, si el alcalde Moreno logra doblegar a esta mafia, pasará a la historia, y acallará, al menos parcialmente, las críticas que le llueven a diario. Al mismo tiempo, será una paradoja que un mandatario elegido por una supuesta izquierda sea quien se convierta en el campeón del orden en lo local, y que para hacerlo se enfrente al eslabón más débil de la cadena mafiosa del transporte. Uno se pregunta cómo reaccionarán muchos de los demagogos que representan al Polo Democrático Alternativo.

Cambio de tema pero parcialmente: a raíz de los disturbios que acompañaron al paro, el locuaz Ministro de Defensa salió con nuevo exabrupto, de esos que le salen con frecuencia: según la versión digital de El Espectador, el Ministro afirmó que el paro estaba infiltrado por los narcoterroristas. Es ya usual que la incontinencia verbal del funcionario rebase los límites de la sindéresis. Con sus declaraciones se podrá hacer una verdadera antología de la infamia: basta recordar sus declaraciones frente a la oferta de zapatero de ayudar en la liberación de los secuestrados de las Farc. Y luego sus comentarios sobre las brigadas campesinas de Chávez, que le merecieron un justo regaño de Uribe.

El reemplazo de Santos no le da la talla, eso es claro. Aquél era pantallero, perverso, oportunista e imprudente, pero no se puede negar que lo hacía con inteligencia. Y allí justamente radica el contraste.

Y cambio de tema de nuevo: a comienzos de la década el cilindro de gas propano costaba seis mil pesos; hoy vale cuarenta y dos mil. Es decir, ha aumentado siete veces en diez años. No sé cómo conciliarán los responsables de este incremento con el hecho de que los más numerosos usuarios de este servicio son campesinos, cuyos ingresos no se han incrementado correlativamente: una gran masa de éstos ha regresado al consumo de leña, con las consecuencias previsibles sobre el medio ambiente. ¿Será que los ministros de Minas y de Ambiente no se conocen? O ¿será que no les importa lo que está pasando?

 

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