Por: Felipe Zuleta Lleras

Una sociedad enferma

Esta semana el Instituto de Medicina Legal nos comunicó a los colombianos que en lo corrido de 2013 ha habido más de 11.000 casos de abusos sexuales en contra de menores de edad.

Estas cifras, vistas en frío, no escandalizan a nadie, mucho menos a un país sumido en la violencia cotidiana. Pero difícil resultaría no pensar que cada uno de esos menores quedó marcado para siempre, con una huella profunda en el alma y una tristeza que, muy seguramente, lo acompañará por el resto de su vida.

11.000 colombianos que no han alcanzado su edad adulta y ya tienen cicatrices imborrables, duraderas, dolorosas. Surge entonces una pregunta elemental: ¿Qué está haciendo el Instituto de Bienestar Familiar? La respuesta obvia es muy poco o nada. Entre otras cosas porque duró varios meses en interinidad, ya que el Gobierno estaba esperando a ver qué hacía con esta entidad para ver cómo pagaba algún favor político como consecuencia de la extorsión permanente a la que lo tienen sometido los mal llamados padres de la patria.

No hay derecho a que estas cosas pasen, mientras el Gobierno piensa en otras cosas menos importantes. Porque realmente creo que para un país no puede haber más prioridades que sus menores y sus ancianos. Y acá eso no pasa, ya que mientras los primeros son abusados, a los viejitos los ve uno haciendo unas colas interminables para cobrar sus miserables pensiones o para que les receten el famoso diclofenaco. Qué sociedad tan enferma aquella que descuida a sus habitantes más vulnerables.

Esta clase política indolente cree que las prioridades son las cosas materiales (entre ellas por supuesto las prebendas producto de la corrupción) en tanto los menores y los ancianos son tratados o descuidados como si fueran la escoria de la sociedad. 

Sé que a veces soy repetitivo con algunos temas, y ofrezco disculpas por eso, pero mientras Dios me lo permita, protestaré frente a cada injusticia que vea. Reclamaré mano dura para los corruptos e ineficientes funcionarios públicos que llegan a esos puestos a llenar sus bolsillos de dinero mal habido. Pocos, hay que decirlo, se sacrifican porque creen en la necesidad de cambiar las cosas.

Juegan eso sí un papel clave muchos empresarios privados y personas que, sin tener que hacerlo, constituyen fundaciones para asumir los retos que el Estado no ha sido capaz. La fundación Éxito, el padre Cirilo en Barranquilla, el Minuto de Dios, en fin. Son ellos los que han asumido asuntos que estos “gobernantes” han olvidado.

A mí estos datos me entristecen y me dan una gran rabia, pues una sociedad enferma como esta que maltrata así, dista mucho de ser una sociedad medianamente civilizada.

Pero sigan, sigan señores gobernantes volteándole la espalda al país, que así pasaran a la historia, porque esa la escriben los que algún día fueron víctimas de sus injusticias. Sí, esos menores abusados que por generaciones contarán que su país los dejó abandonados a su suerte.

@FZuletalleras

 

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