Por: Pascual Gaviria

Una sola bandera

El segundo lugar de Urán en la ruta olímpica me obligó a inflar la bicicleta para hacerle un homenaje dominical en las montañas del oriente de Antioquia.

El alto de La Unión fue elegido para el suplicio de ciclista ocasional. Entrando a La Ceja me encontré una valla dedicada a los hijos de ese municipio que compiten en Londres: “Juliana Gaviria y Juan Carlos Cardona, dignos representantes de La Ceja en los Juegos Olímpicos”. Por esa ruta me acordé de Sergio Luis Henao, hijo de Rionegro, y Arles Castro, otro ciclista que comparte la cuna de Urrao con Rigoberto Urán, el antiguo vendedor de chance. Pensaba en ese pesebre de pueblos colombianos que nos representa en Londres cuando llegó la medalla de plata de Óscar Figueroa, quien debió salir corriendo de su natal Zaragoza a los 12 años. Dicen que se hizo deportista en el Valle y así seguí sumando pueblos: Cartago y Tuluá.

Entonces me vi obligado a hacer una revisión de los muchos listados con los 104 atletas colombianos en Londres, buscando confirmar mi impresión que veía una comparsa con todos los trajes típicos de las fiestas de pueblo bajo el unánime sombrero cordobés del desfile. La verdad resultó un poco más compleja que esa caricatura conmovedora de los muchachos de pueblo que vienen a la ciudad a cumplir su sueño. Lo cierto es que si las capitales cercanas no ofrecen competencia y acogida, todo termina en juegos de parque y corredor. Los pueblerinos ya no son mayoría entre nuestros atletas: representan el 42% de quienes están en Londres, incluyendo a los nacidos en algunos municipios satélites de las grandes capitales. En Bogotá (19), Medellín (13) y Cali (7) nacieron el 37,5% de los atletas colombianos que compiten en las justas de 2012. Un porcentaje similar al que representan las tres capitales en la población total del país. Los peores números están en la Costa Atlántica, que por antecedentes debería tener siquiera números representativos. Menos del 1% de los deportistas nacieron allí. Un porcentaje cercano al de nuestra representación “extranjera”: cuatro gringas y una holandesa con doble nacionalidad que compiten por la bandera tricolor en fútbol, gimnasia y esgrima. De la Costa Pacífica ni hablar.

Entre los pueblos la región de Urabá demuestra ser una despensa inagotable. Carepa, Turbo, Apartadó y Vigía del Fuerte suman 12 deportistas y nos obligan a pensar que es injusto seguir llamando Urabeños a los narcos y asesinos de la zona. Hace poco dos firmas internacionales aplicaron modelos matemáticos para deducir, según PIB y otras variables, el número de medallas que ganarán los países. Si hiciéramos ese mismo ejercicio con los departamentos sabríamos por qué Chocó tiene como invitados apenas a un corredor de Quibdó y una atleta de Andagoya. Dos sitios que sorprenden por sus vetas: el Oriente de Antioquia (7) es una región fecunda, por el ciclismo sobre todo, y el municipio de Pradera (4), en el Valle, entrega más frutos que algunas capitales intermedias. Para las anécdotas digamos que el Cauca tiene su cuota con una atleta de Santander de Quilichao y Campo de la Cruz representa a los recientemente inundados con un pesista.

Eso es sólo un recuento de nacimientos. La pelea política de las ligas por los talentos en los pueblos requiere guantes y tapabocas.

 

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