Sí a mi vida por una generación consciente

hace 1 hora
Por: Beatriz Vanegas Athías

Una victoria necesaria

En el episodio 1 de la tercera y al parecer última temporada de la comedia Un día a la vez (One Day at a Time), sobre una familia de migrantes cubanos y sus descendientes, ocurre un sepelio que congrega a toda la familia. Elena Álvarez, la hija de 15 años de Penélope que es abiertamente lesbiana, conoce a la tía Pilar quien también es lesbiana pero de (dos) generaciones anteriores. Elena, para quien salir del armario ha sido relativamente fácil, se siente en la obligación moral de ayudar a que su tía Pilar también lo haga. La abuela, interpretada por la gran Rita Moreno, una mezcla de cubana clásica y moderna, la reconviene: “Elena, tú crees que todos son gais. Pilar es sólo excéntrica. Anda en motocicleta. Tiene siete gatos. Comparte un departamento de un cuarto desde hace años con su compañera Susan. ¿Por qué es gay eso?”. Elena y su madre, Penélope, se miran y esta le dice: “Sin duda Pilar es gay. Pero nadie habla de eso. Todos dicen: ‘¿Conoces a Pilar? Ella es solo…’”, y sus manos se entornan para significar la orientación sexual de Pilar. No se permite en la familia siquiera usar el término lesbiana.

Nadie habla de eso. Como veía que pasaba (y sé que aún pasa) en los pueblos de la costa Caribe y los que habito en Santander. La familia, esa cueva que no sólo está para proteger y cubrir, deforma y maltrata con mucha sutileza con ese silencio que llena de culpa y transforma en diferente a esa mujer que nunca se casa, que no tiene hijos, mucho menos un novio. Muchas mujeres nunca salen de esas cárceles en las que fueron encerradas desde niñas y por eso adquieren una deuda eterna con la familia que tuvo que “soportarlas”. Entonces sus relaciones son tristes e irregulares porque su clóset es interior.

Por eso la victoria de Claudia López en la Alcaldía de Bogotá es una victoria necesaria, si nos situamos en la realidad de un país centralista desde donde se ha mal dirigido la Colombia rural que hace caso al pie de la letra a los mensajes de la prensa capitalina. Desde Bogotá se desconoce e ignora el dolor de la periferia, no les llega a políticos, administradores, periodistas e intelectuales el olor de la sangre derramada y de la inequidad como destino, es cierto, pero allá no ha pasado la anquilosada política de Álvaro Uribe y de ello da cuenta la elección de una mujer incorruptible (aunque me pesa la sombra de Sergio Fajardo), preparada, sensible y lesbiana. Es una señal de entrada a la modernidad tan esperada en un país que va viviendo con un siglo de atraso, que todavía habla de la familia de papá y mamá cuando muchas fuimos criadas, por ejemplo, por la abuela y la madre porque el padre o se fue o lo mató la guerra.

Esta es una victoria necesaria para normalizar la equidad de género y para promover el símbolo de nuevos tiempos, porque el comunismo, señores, es asunto fenecido y el capitalismo (miren hacia Chile, Ecuador, Bolivia y Argentina) ha firmado su certificado de defunción.

Coletilla. El 24 de octubre de 2019, estudiantes de la Universidad Industrial de Santander marcharon por las calles de Bucaramanga contra la pretensión del Gobierno de pagar las sentencias judiciales contra la nación con presupuesto de la universidad pública (artículo 44 de la ley de presupuesto), en rechazo a la política de represión estatal, por el desmonte del Esmad, por la derogatoria de la ley de seguridad ciudadana y el retiro del proyecto de ley que reforma los artículos 86 y 87 de la Ley 30 de 1993. El estudiantado también se movilizó contra el nombramiento de Alberto Carrasquilla como ministro ad hoc para la limitación del páramo de Santurbán, por la defensa del Hospital Universitario de Santander y en rechazo al modelo de seguridad interna de la UIS. Ante esta protesta social, el gobierno nacional delegado a la Alcaldía de Bucaramanga ordenó al Esmad la represión y estos son los resultados: cero acuerdos, pero en cambio:

Jhoan Steven Carrillo Blanco: perdió un ojo, le dispararon en la cara.

Albert David Gelves Laguado: le dispararon en la cara.

Sebastián García Rincón: bala de goma en los testículos, paliza en costillas y cabeza.

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