Por: Hernando Gómez Buendía

Una visita rarísima

Álvaro Uribe es el primer papista de Colombia, pero el papa Francisco viene a lanzar la candidatura de su enemigo Humberto de la Calle.

Tal vez me apresuro (un poco) al anunciar que De la Calle va a ser el candidato de la paz, pero en cambio era vieja la noticia de que el papa iba a venir a Colombia para impartir su bendición al Acuerdo entre el Gobierno Santos y las Farc.

Así fue como invitaron a Francisco y como su visita fue anunciada desde el año pasado, cuando incluso supimos que el Vaticano había decidido posponer el viaje hasta que el Acuerdo ya estuviera firmado.

Pues resulta que ese Acuerdo fue sometido a un plebiscito donde el No le ganó al Sí, y que Santos y Uribe se empeñaron en que las próximas elecciones sean una inverosímil repetición del plebiscito para requeteconfirmar o “hacer trizas” el Acuerdo con las Farc.

En un país serio —o un poquito serio— esto hubiere implicado una de tres cosas: cancelar diplomáticamente la visita del papa, o un gran debate nacional porque el pontífice venía a interferir abiertamente en la campaña presidencial de un país soberano, o una protesta ruidosa de Uribe y de sus socios, que por lo menos se habrían abstenido de ir a recibirlo al aeropuerto.

Y sin embargo en el país del Sagrado Corazón ocurre que los católicos más ostentosos son los grandes enemigos del Acuerdo: Uribe con sus medallitas y sus reverencias, Pastrana con los conservadores que desde siempre estuvieron con la Iglesia, y por supuesto Ordóñez que es más papista que el papa. Añádale a este “combo” algo así como la mitad de los obispos que estaban con el No y en su momento impidieron que la Iglesia apoyara el Acuerdo.

O sea que, en resumen, el papa viene a defender el Acuerdo que divide a Colombia y al que se oponen sus más fieles seguidores. Santos, que es medio masón, y las Farc, que son ateas, son en cambio los más interesados en que Francisco les bendiga su Acuerdo. ¡Y el coro de los medios y la oposición contra Santos y las Farc le dan su calurosa bienvenida!

Pero además de la violencia de las Farc, Francisco viene a reprobar (y a remover) otras violencias: la de la chusma liberal que asesinó al padre Ramírez, y la del Eln que asesinó a monseñor Jaramillo. Esto podría ser una piadosa coincidencia, pero es también un mensaje confuso que da consuelo histórico a los conservadores contra los “masones” y desconsuelo a una guerrilla que al mismo tiempo es atea, es cristiana, y dizque quiere subirse al tren de la paz. ¡Oh patria del trabalenguas!

Para agrandar el despiste, Su Santidad viene a no hablar sobre el tema que a los creyentes más les preocupa y que sus candidatos ya vienen agitando: la defensa de la familia y los valores, al menos entendidos como el rechazo a los gais y la obsesión con el sexo. Francisco no tiene esa obsesión, y cuando habla de los gais es para comprenderlos.

El papa en cambio tiene la obsesión de la justicia, de jugarse con los más pisoteados, de cuidar nuestro frágil planeta y de condenar con palabras durísimas los múltiples horrores del capitalismo.

Este es el papa que van a aplaudir los poderosos y los ricos y los depredadores de Colombia, sin oír nada, ni entender nada, ni proponerse nada que le dé sentido o dignidad a su visita.

* Director de la revista digital Razón Pública.

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