Por: Elisabeth Ungar Bleier

Unas de cal y otras…

EL PASADO 20 DE JUNIO TERMINÓ una “legislatura de pasión” para el Congreso de la República. La parapolítica y las conflictivas e inciertas relaciones entre el Ejecutivo y el Legislativo son sólo dos de los hechos que justifican el calificativo.

En el último año fueron detenidos o vinculados nuevos congresistas por sus presuntos vínculos con la parapolítica, el principal detonante del preocupante 19% que cedieron su curul temporal o definitivamente desde que se iniciaron sesiones en julio de 2006.

Al hacerlo, dejaron en manos de otras personas la responsabilidad de estudiar y votar importantes proyectos como la reforma a la ley de transferencias, tratados de libre comercio, el Plan Nacional de Desarrollo y la reforma política, entre otros. Como lo demuestra el balance de la última legislatura realizado por Congreso Visible, en los últimos dos años, por el Congreso pasaron 317 congresistas, 52 más de los elegidos en 2006.

La parapolítica fue responsable del 68% de los reemplazos de los últimos dos años: el 46% por renuncia de los titulares, siendo Convergencia Ciudadana y el Partido Conservador, cada uno con cuatro casos, los partidos con más renuncias, y el 22% por suspensión de la investidura, con Cambio Radical y el conservatismo a la cabeza. Esto pone en evidencia la grave implicación de la parapolítica en la menguada credibilidad y legitimidad del Congreso colombiano y en particular su incidencia en la coalición uribista, en la medida en que el 92% de los reemplazos por esta causa corresponden a estas bancadas.

Las relaciones entre el Ejecutivo y el Legislativo tampoco estuvieron exentas de sobresaltos. Por una parte, la reforma política que había presentado el Gobierno fue apoyada por gran parte del uribismo en los primeros debates. No obstante, cuando el Presidente decidió retirarle su apoyo para no poner en riesgo sus mayorías, sin importar quiénes son algunos de sus miembros, en un discutible acto de solidaridad optó por las más criticables prácticas parlamentarias, como disolver el quórum, dilatar innecesariamente los debates y acudir a la estrategia de los impedimentos.

Sin embargo, en buena hora esta fidelidad se vio afectada a los pocos días, cuando el Partido Liberal, el Polo Democrático Alternativo y las mayorías uribistas del Senado aprobaron en segundo debate el proyecto que da garantías jurídicas y económicas a las víctimas de la violencia, a pesar de la oposición del Gobierno.

Estos dos casos demuestran los problemas de gobernabilidad que se generan cuando no hay un partido de gobierno y las colectividades de la coalición oficialista son débiles. Cuando esto sucede, las relaciones entre el Ejecutivo y el Legislativo se vuelven inciertas, impredecibles y más proclives a negociaciones políticas “informales”, tan criticadas en campaña pero tan útiles cuando de obtener votos se trata.

En medio de este panorama desalentador, hay algunos hechos que merecen destacarse. Por ejemplo, el comportamiento disciplinado de las bancadas de oposición acatando las directrices de sus partidos y haciéndole contrapeso al poder presidencial; la independencia demostrada por algunos congresistas, que prefirieron anteponer sus principios morales y éticos a las lealtades personales; y la aprobación de varios proyectos en defensa de los derechos de las mujeres, los jóvenes, los niños y las víctimas de la violencia. Amén de muchos otros proyectos y debates de control político de gran importancia para el país.

*Directora Programa Congreso Visible, Universidad de los Andes.

 

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