Por: Columnista invitado

Unas elecciones voto a voto

Por: Rafael Piñeros

Es un lugar común decir que las elecciones en Estados Unidos son históricas; las del martes realmente lo fueron por la estrechez en los resultados. El sistema político suele ser bastante dinámico en la medida que se favorece la alternancia entre los dos partidos tradicionales: Republicano y Demócrata. Aunque en términos generales las encuestas nacionales favorecían a los demócratas, en 2016 ocurrió algo similar y, a pesar de que los demócratas ganaron el voto popular, perdieron el colegio electoral, con lo cual Donald Trump se convirtió en el presidente número 45 del Estado de la unión. La participación aumentó respecto a hace cuatro años, cuando escasamente se acercaron a las urnas el 36 % de los ciudadanos. ¿Por qué votaron más? Ambos partidos cumplieron la tarea de atraer nuevos votantes, tanto así que la nota predominante fue una lucha codo a codo por los condados que podían inclinarse a medida que avanzaba la noche hacia un partido u otro.

Las elecciones legislativas y de gobernadores tienen una dinámica diferente a la carrera presidencial, en el sentido de que la política local afecta de manera directa al ciudadano en sus condados, ciudades y comunidades. Así, las motivaciones que un votante tiene para elegir al presidente, quien se encarga de manejar los temas macroeconómicos, la política exterior y la seguridad y defensa nacional, pueden ser muy diferentes a las que lo impulsen a votar por el representante de su distrito electoral, senador del Estado o gobernador. En otras palabras, la elección del martes fue sobre la implementación de las políticas de salud, educación y seguridad en el entorno local y estatal.

Los republicanos o aquellas personas que se sienten afines a ese discurso suelen favorecer los temas relacionados con el manejo de la economía, la creación de puestos de trabajo, la disminución o aumento de impuestos, la seguridad y la libertad para el porte de armas. Por el otro lado, los demócratas son más afines a una agenda pública que incluya temas como el cambio climático, la inmigración y la diversidad sexual, religiosa o étnica y, por supuesto, los temas de salud pública. Así pues, otra forma de ver las elecciones es a partir de cuáles fueron las preocupaciones más apremiantes para los votantes: el manejo económico, la integración social o el comportamiento de los impuestos.

Una nota predominante en todas las elecciones fueron los apretados resultados. Sociedades divididas, fragmentadas y dubitativas sobre el camino a tomar o qué favorecer políticamente hablando: si los resultados económicos, que son positivos, o la política de división, miedo y exclusión que desde Washington D.C. envía el presidente en ejercicio.

En ciertas carreras por llegar al Senado, como en Florida, Arizona, Michigan y Texas, lo que separó al ganador de su contrincante fue una diferencia de escasos votos, en ocasiones menos de dos puntos porcentuales. Para gobernadores fue más o menos igual, en Florida, Wisconsin y Colorado, y el resultado reflejó una profunda e inquietante división entre los electores. Florida ha sido un estado esquivo para los demócratas, tanto en las presidenciales como en las locales de ayer. Texas, estado históricamente republicano, vio cómo Trump perdió en las principales ciudades (Houston, Dallas, San Antonio) hace dos años y los demócratas lograron resultados importantes en la Cámara de Representantes.

En otras palabras, como era de esperarse en el Senado, los republicanos seguirán mandando, en la Cámara los demócratas volverán a ser mayoría, que no lo eran desde 2010, y se nivelan las cargas en el ámbito estatal en términos de gobernaciones. Para los próximos dos años, se espera al menos una confrontación más igualada en la que los demócratas serán más escuchados, porque todo proyecto deberá ser aprobado por ambas cámaras. Trump tendrá que exhibir su talante negociador, si lo tiene, y está por decir en términos de si habrá o no reelección en el poder Ejecutivo.

 

Universidad Externado de Colombia

 

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