Por: Isabel Segovia

Une y reinarás

En este momento, en que algunos festejan el inicio de la ejecución de la promesa de campaña de hacer trizas el Acuerdo de Paz, y otros permanecemos atónitos ante lo que está sucediendo, sin saber bien qué hacer ni cómo reaccionar, mientras aumenta el desempleo y en las regiones se empieza a sentir el regreso de la violencia, es imperativo reflexionar sobre el tipo de líderes que tenemos y su contribución a esta situación.

Las guerras y los actos de violencia normalmente unen más que las injusticias sociales; sin embargo, lograr esa unidad motivada por la empatía, la compasión y la generosidad, y no por el odio, el resentimiento y la venganza, hace que quien lidera juegue un papel determinante. El actuar de la primera ministra de Nueva Zelanda, Jacinda Ardern, después del ataque terrorista que sufrió ese país hace unas semanas, es un ejemplo magistral de lo que significa ser una líder que convoca y unifica a una sociedad en duelo, acompañando a las víctimas y protegiendo a sus ciudadanos para tratar de evitar que un evento así se repita.

Ardern decidió apartarse de los líderes del mundo occidental que decidieron usar la retórica de la guerra para combatir el terrorismo prometiendo revancha y castigo. No señaló al enemigo como una amenaza foránea a la cual hay que temer y repudiar, evitando así sentimientos de discriminación y venganza contra un grupo en particular. Se refirió al asesino como un simple individuo que mata guiado por sus experiencias de vida y no por su ideología. Por lo tanto, son esas condiciones de vida y no las creencias las que hay que trabajar para cambiar. No le dio cara ni nombre al autor de los terribles hechos, no le dio reconocimiento, ni prometió someterlo a la justicia, ni degradarlo. Simplemente se refirió a él como terrorista, criminal, extremista, robándole toda posibilidad de ser reconocido como el enemigo contra el que toca luchar. En vez de poner el foco en el asesino, lo puso en las víctimas y pidió recordar sus nombres y no el de él. Y para combatir la violencia no propuso armar a la población, sino prohibir el porte de armas, logrando, incluso sin oficializar la propuesta, que muchos ciudadanos voluntariamente las entregaran. Sin duda, una gobernante extraordinaria, quien, a pesar de la tragedia, logró pensar y actuar con sus compatriotas, desafiando el modus operandi de muchos otros, demostrando que el terrorismo se puede combatir de otra manera.

Volviendo a nuestra situación, ¿no será que nos hacen falta líderes así? Que unan y no que dividan; que logren convocar a los que piensan igual que ellos, pero también sepan escuchar y validar a los que no; sin odios, resentimientos, ni venganzas; sin darles más protagonismo a sus contradictores del que debe tener cualquier otro ciudadano; liderando y administrando sin necesidad de usar el espejo retrovisor. Nos toca preguntarnos si no estaríamos mucho mejor si los temas verdaderamente importantes para nuestro país, como la consolidación de la paz, la justicia y el desarrollo económico y social, no estuvieran sometidos a peleas políticas e intereses personales. Si nuestra historia no estuviera enmarcada en las disputas de nuestros líderes y éstos gobernaran por encima de sus rencillas personales, tal vez no estaríamos nuevamente ad portas de comenzar otra guerra.

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2019-04-03T00:00:14-05:00

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