Por: Juan Pablo Ruiz Soto

Unión y presión ciudadana por la paz integral

Muchos, entre los abstencionistas, los del Sí y los del No, nos estamos movilizando para parar la guerra entre los colombianos y contra nuestro medioambiente. Las múltiples manifestaciones ciudadanas en campos y ciudades demuestran que hay que hacer la paz.

La comunidad internacional también se expresa. El Premio Nobel de Paz al presidente Santos es una manifestación de solidaridad. El mundo aprueba lo que se ha hecho y espera nuestra razonable reacción como país para consolidar el proceso. Un excelente indicador de nuestro avance es el empuje en las conversaciones Gobierno-Eln, pues acordar con Farc y Eln es un gran paso hacia una paz integral.

En medio de todos los acontecimientos, lo más indignante para nosotros como colombianos, y sorprendente para la comunidad internacional, es lo afirmado por Juan Carlos Vélez en la entrevista al diario La República (05/10/2016): “El No fue la campaña más barata y efectiva en mucho tiempo. Su costo-beneficio es muy alto”. Increíble que se hable de la mejor relación costo-beneficio del No cuando el voto por el Sí estaba relacionado con algo tan importante como es la paz para todos los colombianos. Desconcierta y da vergüenza que esto pase. Con una mínima inversión se logró un resultado que, según Vélez, superó las expectativas que ellos mismos tenían.

Tenemos que ganar en criterio y conciencia política para que este tipo de inversiones para manipular el voto dejen de ser rentables y nunca se repitan.

Las movilizaciones ciudadanas que se iniciaron la semana pasada, llenando por completo la Plaza de Bolívar, y la permanencia inicial de unos jóvenes acampando allí, para presionar por un pronto acuerdo y dejar de manifiesto que la paz no es asunto de partidismo político, han ido creciendo y demuestran que muchos colombianos, del Sí, del No y abstencionistas, tenemos capacidad de autodeterminación.

Los políticos tradicionales están con el agua al cuello. Las aguas impetuosas de la paz están moviendo el país, el nivel está subiendo. Como dice la sapiencia popular: “camarón que se duerme se lo lleva la corriente”.

Por momentos, el No parece irse en contra del Centro Democrático, que no tenía una propuesta constructiva y que ahora tiene que montarse al barco en aguas que no domina. Su presupuesto más optimista era generar muchos votos y perder por poco, para hacer oposición, exaltando fallas y dificultades en la implementación del Acuerdo, buscando fortalecer así su campaña al 2018. ¡Hoy, si no son constructivos y se embarcan con la paz, se ahogan!

Los ambientalistas seguimos trabajando por una paz estable, duradera y sostenible, con equidad y basada en el respeto a la vida y al medioambiente. La construcción sostenible de la paz desde los territorios exige reconocer diferencias sociales (cultura, educación, salud, economía) y ambientales (ríos, suelos, ecosistemas). Las 11 propuestas presentadas por los ambientalistas en La Habana conservan validez y han sido reenviadas como contribución al diálogo Gobierno-Eln.

Ni una víctima más, ni un bombardeo, ni un derrame de petróleo más debido a la guerra fratricida. Los colombianos, mayoritariamente, queremos la paz y los que quieren seguir la guerra están cada día más aislados. Todos tenemos que renovar nuestras propuestas si queremos tener vigencia política.

 

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