Por: Ignacio Mantilla

Universidad Nacional: acceso con equidad

A pocas semanas de entregar el cargo de rector de la Universidad Nacional de Colombia, que he ocupado durante los últimos seis años, llega la hora del balance para poder cerrar este importante ciclo de mi vida. El examen de los logros alcanzados es un ejercicio indispensable para reflexionar sobre las acciones emprendidas y para calificar las decisiones tomadas.

Pero, más que enumerar logros o hacer una rendición de cuentas, quiero compartir con los lectores información poco conocida por la mayoría. Y al mismo tiempo deseo destacar precisamente un aspecto que me parece relevante en la actual composición de la comunidad académica de la Universidad Nacional y que comúnmente pasa desapercibido, aun para nosotros mismos, quienes trabajamos de forma exclusiva en la institución.

Lo primero que debe resaltarse es el auténtico carácter nacional de la universidad: en efecto, la población estudiantil actual se compone principalmente de jóvenes colombianos que cursan programas de pregrado y que provienen de 768 municipios de los 1.102 que tiene el país. Sorprende saber, por ejemplo, que en los últimos cinco años sólo hubo 80 municipios de los que no hemos tenido aspirantes en el proceso de admisión a las carreras de la Universidad Nacional.

Resulta también muy relevante saber que de los 53.880 estudiantes actualmente matriculados en las sedes andinas (Bogotá, Medellín, Manizales y Palmira) y en las sedes de frontera (Leticia, San Andrés, Tumaco y Arauca), más del 18 % son estudiantes de posgrado. Particularmente en los programas de doctorado están matriculados cerca de 1.600 estudiantes. En el año 2017 hubo 12.937 aspirantes a los programas de posgrado y logramos una cifra histórica, como fue graduar en una sola ceremonia a 101 nuevos doctores. Esta es una cantidad bastante significativa, si se tiene en cuenta que en el país no se ha alcanzado siquiera la incipiente meta de graduar anualmente 10 doctores por cada millón de habitantes (en Estados Unidos esta cifra es de 200 doctores por cada millón de habitantes; en Brasil es mayor de 60; en Chile, México y Argentina es cercana a los 25).

Pero la Universidad Nacional, sin renunciar a su vocación y perfil de universidad de investigación, atiende no sólo la formación al más alto nivel, sino también en el otro extremo de la educación universitaria, con una oferta de 95 carreras a las que solicitaron admisión 113.967 aspirantes en el año 2017. Puesto que nuestra capacidad sólo permite recibir un 10 % de este alto número de aspirantes, la universidad cumple una importante misión social de equidad, ofreciendo estos mismos programas de alta calidad a la población más vulnerable del país. En efecto, de los 43.897 estudiantes de pregrado actualmente matriculados, hay 4.182 que han sido admitidos gracias a los programas de admisión especial. Me refiero a programas especialmente diseñados para que los jóvenes pertenecientes a algunas comunidades o provenientes de ciertos municipios puedan obtener un cupo, compitiendo entre ellos mismos únicamente y con un puntaje de admisión más bajo que el exigido en la admisión regular.

Estos programas están dirigidos a comunidades indígenas, a población afrocolombiana, a mejores bachilleres de municipios pobres y a bachilleres víctimas del conflicto armado, entre otros. También están los programas de admisión especial y movilidad académica, más conocidos como Peama, que se han implementado principalmente en las sedes de frontera y que se desarrollan en estas ciudades al principio de la carrera y luego se concluyen en las sedes andinas antes mencionadas.

Pues bien, lo que reflejan las cifras actuales es que en la Universidad Nacional, uno de cada 10 estudiantes de pregrado pertenece a alguno de estos programas especiales. El número de estudiantes que han pertenecido a estos programas y que han culminado exitosamente sus estudios supera los 2.000. Se trata, entonces, de nuevos profesionales calificados y competentes que demuestran orgullosos sus capacidades, que sólo gracias a la educación pública de calidad podemos descubrir y potenciar.

Y si a estos estudiantes, admitidos por los programas antes mencionados, sumamos los estudiantes de estratos 1 y 2, de admisión regular, podemos concluir que el 50 % de nuestros estudiantes de pregrado provienen de la población más vulnerable, que no tendrían otra opción para formarse profesionalmente en una institución acreditada en alta calidad.

Estos resultados son parte de las muchas razones por las que vale la pena trabajar por la mejor universidad del país, la Universidad Nacional de Colombia, patrimonio de todos los colombianos, la verdadera joya de la corona que aporta el factor de equidad esencial para la educación.

 * Rector, Universidad Nacional de Colombia.

@MantillaIgnacio

 

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