Por: Cartas de los lectores

Universidad y mujeres

En su concurrida columna "Educación: ¿revolución de género? (El Espectador del pasado 3 de abril) el doctor Humberto de la Calle afirmó que “en Colombia, sólo en 1934, se presentó un proyecto para abrir la universidad a la mujer. Gerda Westendorp fue admitida a medicina en 1935. Gabriela Peláez fue la primera abogada, en 1936. María Carulla fundó en 1936 la primera escuela de trabajo social adscrita a la Universidad del Rosario…”. Sin embargo, la última aseveración sobre las primeras mujeres universitarias es discutible.

En 1932 fue creada la Escuela Dental adscrita a la Universidad de Antioquia. A los aspirantes se les exigía el título de bachiller y el pénsum se cursaba en cuatro años. Terminaron sus estudios en esta escuela 16 alumnos, sobresaliendo el nombre de las cuatro primeras mujeres cirujano-dentistas del país: Mariana Arango, Amanda Guendica (su hija, Clara Eugenia Escobar Guendica, es la actual decana de la Facultad de Odontología de la Universidad de Antioquia), Rosa María Navarro y Berta Restrepo. Así anunció el Consejo Directivo de la Universidad de Antioquia la determinación de convocar mujeres en dicha carrera: “abrir matrícula para señoritas, siempre que tengan diploma de enseñanza secundaria y estén en condiciones de pagar los derechos de matrícula y las cuotas mensuales” (El Heraldo de Antioquia, febrero 1 de 1932). No obstante, advertía dicho organismo que la “educación para ellas sería separada”, circunstancia que al final de cuentas no ocurrió. Fue entonces cuando los estudiantes hombres decidieron enviar una carta a las directivas de la Universidad de Antioquia señalando que la presencia de mujeres en la Escuela Dental ocasionaría supuestamente “grandes inconvenientes y daños” (La Defensa, mayo 6 de 1932).


La presencia de estas damas en el centro educativo de nivel superior no fue nada sencillo. Se encontraron ante una enconada resistencia por parte de algunos estudiantes y profesores que sólo pudo ser superada después de largas discusiones en las que sobresalió la figura erguida de Alejandro Botero Mejía, fundador entre otros del Colegio Dental de Medellín y docente de la Escuela Dental, para quien había sido cosa común observar la presencia de mujeres en algunas universidades norteamericanas.


De todas maneras las damas se matricularon y terminaron con lujo de detalles sus estudios y lograron un desempeño estudiantil y profesional con merecido reconocimiento. Es decir, que cuando la dama Gerda Westendorp ingresaba como primípara a la Escuela de Medicina en Bogotá, las mencionadas antioqueñas recibían el título universitario de cirujanas-dentistas en la Universidad de Antioquia.


 Carlos Payares. Medellín.


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