Por: Hernando Roa Suárez
Construir democracia

Universidad y proceso de paz: reflexiones*

El problema más significativo que debemos resolver los colombianos, en los próximos cuatro decenios, es el de construir la paz implementando el Acuerdo del Teatro Colón de 2016.

Si tomamos distancia frente al intervalo 1946-2016, encontramos que, excepto ciertos esfuerzos constitucionales como los de 1958, 1968 y 1991, Colombia ingresó tardíamente a la modernidad y que no hemos implementado, hasta nuestros días, un modelo de desarrollo que nos permita confrontar, eficiente y eficazmente, las diversas modalidades de las violencias abiertas, estructurales y culturales que, de manera particular, se han extendido paulatinamente por el territorio nacional.

Pensando en los próximos decenios, es evidente que el papel de las universidades y de la Asociación Colombiana de Universidades (Ascún) es y será decisivo en la implementación del Acuerdo de Paz. Por tanto, las siguientes reflexiones son solo un punto de partida que nos permitirá avizorar su papel histórico-estructural para enfrentar creativamente el tema.

Reflexiones

i. Iniciemos por recordar un concepto contemporáneo sobre universidad. Ella se me presenta como una institución de educación superior, integrada por directivos, educadores, educandos, investigadores, egresados y personal administrativo que, al más alto nivel, están en búsqueda permanente de conocimientos científicos, tecnológicos, innovativos y artísticos, y que por encima de toda vanidad, ambición o miedo tienen la función permanente de pensar, conocer, innovar, orientar y servir a la vida social. No olvidemos que sus tareas sustantivas deben estar centradas en la formación, la investigación y la interacción social.

ii. Nuestras universidades —públicas y privadas— deben insertarse creativamente en la transformación de la realidad. Un primer camino —en el campo de la formación— es emprender la tarea de cambiar sistemáticamente los currículos, haciendo de la paz un tema transversal que permita abordar seriamente elaboraciones epistemológicas, teóricas, metodológicas y técnicas sobre el problema de la construcción de la paz, aplicado a la realidad colombiana.

iii. Es tarea vital de las universidades, en nuestros días, contribuir a estructurar, con rigor científico, el surgimiento de una nueva cultura de paz. Es decir, de una forma de ver, vivir y sentir la existencia, de tal manera que nos permita afianzar nuestra democracia participativa y enfrentar, de verdad, los problemas de inequidad que afronta la sociedad colombiana.

iv. Cómo no revisar rigurosamente el tema de la inequidad de la tenencia de la tierra. ¿Qué implica que “700 fincas controlan el 40% de las tierras productivas”?** ¿Olvidaremos que una causa sustantiva del surgimiento del fenómeno guerrillero, paramilitar, narcotraficante, de explotación de minería ilegal y sus combinaciones ha estado íntimamente ligada al tema de la concentración de la tierra?

v. Teniendo en cuenta los preceptos constitucionales vigentes, las universidades están invitadas a ser el centro de los grandes debates nacionales y emplear apropiadamente su papel en todos los medios de comunicación social, para crear conciencia en torno a las tareas que conlleva implementar el Acuerdo.

vi. La originalidad y complejidad de la realidad colombiana contemporánea invitan a estos centros del saber universal —que deben ser las universidades— a contribuir en la formulación, implementación y evaluación de la transición entre la guerra que hemos padecido los colombianos y la necesidad de construir una paz estable y duradera.

vii. Tengamos en cuenta que la organización y oferta de especializaciones, maestrías, doctorados y posdoctorados vinculados al estudio científico-técnico, económico, cultural, político, social y ambiental de la problemática agropecuaria colombiana son propias de la labor universitaria.

viii. ¿Y qué pensar sobre el papel específico de los profesores, investigadores y maestros universitarios en relación con la construcción de la paz? Creo que su vocación puede desempeñar un papel decisivo en la formación de profesionales comprometidos con la construcción de la paz, según nuestros preceptos constitucionales.

ix. Complementariamente, se me presenta de una gran utilidad formar grupos profesionales para administrar e instituir expertos en pedagogías para la paz. Sobre estos aspectos, el papel de la ESAP y de la Universidad Pedagógica Nacional es básico.

x. Adelantar proyectos en unión de las más importantes organizaciones internacionales y gobiernos que están comprometidos —como nunca antes en la historia de Colombia— con la institucionalización de una paz estable y duradera. Para tal fin, es primordial organizar centros de pensamiento orientados a la formulación, implementación y evaluación de políticas públicas especializadas en el desarrollo territorial colombiano.

Para un demócrata contemporáneo se presenta claro que la transición entre la guerra y la paz necesita justicia social fundada en los preceptos constitucionales vigentes y que el papel de las universidades es vertebral al respecto.

Referencias

* Esta columna se originó a raíz del evento organizado por la Red Unipaz y Domopaz en el Club de Ejecutivos, el día 6 de junio del presente, que contó con la participación especial de Víctor Manuel Moncayo, Darío Fajardo, Patricia Ariza, Chila Pineda, Rosa Ludy Arias, Alberto Almonacid y un grupo significante de líderes sociales demócratas comprometidos con la construcción de la paz.

** Confírmese con la intervención del profesor Darío Fajardo, en el evento referido anteriormente.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Hernando Roa Suárez

Historia constitucional de Colombia

La paz y el arte: Doris Salcedo

A propósito del periodismo humanista

El liderazgo político. Análisis de casos (II)*

El liderazgo político. Análisis de casos (I)*