Por: José Fernando Isaza

Universidades privadas, ¿con cada vez menos estudiantes?

El número de estudiantes matriculados en las universidades privadas, especialmente en Bogotá, está mostrando un bajo nivel de crecimiento y en muchos casos una disminución. La explicación más socorrida es el cambio demográfico: que hay menos jóvenes en la edad de 17-21 años. Las estadísticas no avalan completamente esta hipótesis. En el período 2003-2015 la población juvenil en Colombia creció de 3’900.000 a 4’350.000. Se presenta, sí, una meseta entre el 2011 y el 2015, pero no una reducción que explique el descenso en las matrículas. Si los niveles de cobertura de la educación terciaria alcanzaran niveles de saturación, la explicación demográfica tendría mayor peso. En el año 2017, la cobertura bruta fue del 52,8 %, incluyendo universidades, institutos técnicos, tecnológicos y el SENA; hay márgenes de crecimiento, si se quiere llegar a una cobertura del 70 %. Por otra parte, la tasa de transición, es decir, la relación entre estudiantes matriculados el primer semestre y los estudiantes que obtienen el título de bachiller, es del 37,3 %, con grandes variaciones regionales. En Bogotá asciende al 51,6 %.

Las posibilidades de movilidad social y económicas que se espera genere el acceso a la educación superior son casi nulas para los estratos de menores ingresos. La cobertura para los estudiantes del primer quintil de ingreso es de solo el 7 %; para el quintil 5, el de mayor ingreso, asciende al 72 % (A. Quintero). Lejos de mejorar la distribución del ingreso, aumenta la desigualdad. Este indicador muestra la necesidad de destinar mayores aportes presupuestales a las universidades públicas para incrementar la oferta de cupos.

Un factor que puede explicar el poco dinamismo en el número de estudiantes en las universidades privadas es el encarecimiento en las matrículas por encima del índice de precios. El axioma de Perogrullo dice que es mejor la educación de calidad que una de baja calidad; el corolario de Pambelé afirma que es más costoso ofrecer buena calidad. Los requerimientos para obtener los certificados de acreditación institucional y de acreditación por programas han llevado a aumentos que pueden superar los dos o tres puntos porcentuales anuales por encima del IPC. Esto no parecería un problema insoluble, pero un 3 % adicional anual en siete años equivale a un aumento real del 23 %, alejando aún más a la población de ingresos medios y bajos de acceder a la educación.

Considerando una familia con un ingreso total de $3 millones mensuales, menos del 12 % de los hogares tienen un ingreso salarial superior. En un semestre, el ingreso sería $18 millones. Aun si solo se tiene un hijo en edad de ir a la universidad, la matrícula en una de calidad aceptable es del orden de $5 millones semestrales o más, y no sería fácil pagar la matrícula de su único hijo. El crédito del Icetex ayuda en estos casos, pero esta entidad tomó recientemente una medida, hoy revocada, de solo financiar a estudiantes en universidades acreditadas, lo cual cerró puertas de financiación. Las malas decisiones se toman con las mejores intenciones. El programa Ser Pilo Paga, hoy terminado, permitió que algunas universidades privadas mantuvieran un ritmo creciente en sus matrículas.

Otro aspecto que ayuda a explicar el bajo o nulo crecimiento de los estudiantes en las universidades privadas es la oferta de microcursos en línea que permiten un cierto nivel de destreza en tareas sencillas, son de bajo costo y fácil acceso.

877141

2019-08-21T15:32:26-05:00

column

2019-08-21T17:11:33-05:00

[email protected]

none

Universidades privadas, ¿con cada vez menos estudiantes?

57

3585

3642

1

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de José Fernando Isaza

Colonización

Productividad

Inconsistencias

Urgencia (II)

Urgencia (I)