Por: Hernán Peláez Restrepo

Unos saben

Es cierto, en el fútbol unos saben mucho y otros poco o apenas van aprendiendo.

Con esta precisión, quiero hablar de dos detalles vistos en la jornada del sábado. El arquero Víctor Centurión, lejano por cierto de la estatura futbolística con la que resultó su paisano Pablo Centurión hace muchos años, puso una barrera de compañeros para que respondieran por un sector de su portería. Él se puso en el otro sector, pero muy pegado al palo izquierdo y por más que fuera supermán, nunca llegaría volando al otro rincón.

Le faltó malicia, porque el cobrador de la falta, Artigas, siendo zurdo le quedaría fácil levantarla por encima de la barrera, como en efecto ocurrió. Con que Centurión se hubiese corrido un metro de su puesto original, habría llegado a rechaza. Es de suponer que este arquero aprendió la lección.

Otro que debe comprender que los lanzamientos desde el punto penalti se hacen con convicción, fuerza y/o seguridad, es William Zapata, que pinta para buen jugador, posó ante el Cali de sobrador, de querer ganar de cuento y le salió un remate chiquitico, sin fuerza que lo tapaba cualquiera. Zapata debe aprender a jugar con seriedad.

El Tolima, en cuestión de 45 minutos, liquidó su asunto con Nacional. En este caso, Gastón Pezzuti sí sabe cómo es la historia. Muy temprano se dio cuenta de cómo venía la mano, por razones arbitrales y funcionamiento de su esquema defensivo. De los tres penaltis sancionados por Parra, dos fueron claros y uno, el de Zapata no, pues éste llega primero a la pelota. Pezzuti se dio cuenta de la velocidad de Santoya para desbordar a Torres, Giraldo y a quien le ofreciera espacio. Por ello, como capitán, protestó con vehemencia ante un juez de línea, que tuvo enorme injerencia en las decisiones del central, y le metió un codazo sin balón y de pasadita a un rival, para provocar la expulsión, porque ya tenía amarilla. Pezzuti sabía lo que ocurriría, más cuando el primer tiempo terminó con un lapidario e increíble 5 a 0.

Menos mal para Nacional, en el segundo tiempo, el Tolima levantó el pie del acelerador y efectuó un juego casi recreativo, mientras el verde, con Valencia intentaba disimular esta derrota sentenciada desde temprano.

De los dos juegos, vi bien a Santoya, Marrugo y en general el Tolima, que actúa casi de memoria. Al Cali, sin aclarar entre Gabriel Fernández y Jonathan Álvarez, quien debiera ser el conductor, y al América, con más ganas y concentración.

 

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