Unos son más iguales que los otros

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En el norte del departamento del Cauca operan varias orquestas cuyos principales integrantes no son músicos, y en vez de realizar recitales musicales, lo que ejecutan son “conciertos para delinquir”. Entre los integrantes de esta recua de pícaros, aparte de algunos cabildos indígenas que se prestan a estas vagabunderías, hay abogados corruptos, varios jueces venales y más de un funcionario público torcido.

La revista Semana, en su edición del pasado 17 de julio, afirma en relación con estas orquestas: “La forma es ingeniosa y efectiva: a cambio de una gruesa suma de dinero, el capo capturado compra documentos y bases de datos que certifican que pertenece a una comunidad indígena. Ese artilugio termina convertido en una especie de pasaporte a la impunidad… El nuevo negocio encontró el escenario ideal en lo que se conoce comúnmente como la justicia indígena. Esta nació oficialmente gracias a la Constitución de 1991, que reconoció la autonomía de las comunidades ancestrales. Cada una de ellas maneja un sistema propio para aplicar castigos. Los indígenas más organizados, los del Cauca, tienen guardia, asesores jurídicos y lugares para privar de la libertad a los sancionados, llamados centros de armonización. Sin embargo, unos pocos inescrupulosos integrantes de los cabildos indígenas, junto con abogados, encontraron en esa autonomía una mina de oro”. Uno de los aspectos más preocupantes de este “concierto para delinquir” es que cuando llegan a los altos tribunales, no siempre son atajados. Aparte de los pícaros que naturalmente uno espera encontrar, ¿puede haber también magistrados?

Pero la partitura de ponerle conejo a la extradición es solo una de las obras de las orquestas en que están involucradas algunas comunidades indígenas del norte del Cauca, departamento en el que, según la ONU, las siembras de coca han tenido un crecimiento exponencial desde 2013, al pasar de 3.326 hectáreas ese año a un total de 17.356 en 2019. Leonardo Correa, del Simci, afirma: “En las zonas de manejo especial la coca sigue siendo una amenaza. Se ubica en parques, resguardos indígenas y comunidades afros”. El 47 % de la coca que inunda los campos del país se encuentra en zonas de manejo especial.

Otra orquesta que opera con casi total impunidad es aquella de la invasión de tierras y destrucción de los cultivos lícitos. Desde 2014 se han afectado 33 predios ubicados en cinco municipios del norte del Cauca: Corinto, Caloto, Miranda, Padilla y Guachené. Los daños económicos por parte de miembros de comunidades indígenas a los cultivos y a la infraestructura se estiman en cerca de $28.000 millones. Y a pesar de las 214 denuncias interpuestas, las orquestas de invasión siguen operando.

En el norte del Cauca, los actores y partícipes de los “conciertos para delinquir” siguen actuando con impunidad, porque a pesar de que la Constitución dice que todos los colombianos somos iguales en derechos y obligaciones, todo parece indicar, según la sentencia de Orwell, que “unos son más iguales que otros”.

Apostilla. En su artículo de la semana pasada, la periodista María Isabel Rueda se pregunta: “Según Timochenko, el reclutamiento de menores en las Farc era problema de unos alicoramientos. ¿Dónde nos cabrá tanta verdad?”. La respuesta, María Isabel, es asaz sencilla: esta verdad, sin quitarle una coma, va a caber es dentro de la Comisión de la Verdad.

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