Por: Juan Pablo Ruiz Soto

¿Urgente la expansión minera?

A comienzos de agosto, el ministro de Minas y Energía presentó su propuesta de reforma para el desarrollo minero, orientada a crear las condiciones necesarias para acelerar el crecimiento de la minería y mitigar lo que él llama "las barreras limitantes de la expansión de la actividad minera en el país".

Me pregunto si este afán es necesario: no hay condiciones en el desarrollo institucional para maximizar los beneficios económicos de la minería y minimizar sus negativos impactos ambientales y sociales; el oro y otros minerales están ahí y no caducan. Por otro lado, la intensa explotación actual de hidrocarburos y carbón parece estar generando síntomas de la enfermedad holandesa, donde el fortalecimiento de un sector y del peso colombiano frente al dólar afectan el desarrollo y la competitividad de los demás sectores.

De acuerdo con el instituto Fraser de Canadá, Colombia es el tercer país más atractivo en América Latina para inversión minera, después de Chile y México, y supera a Brasil y Perú. Esta condición genera grandes retos y riesgos que debemos asumir con calma y estrategia, pensando siempre en el largo plazo. Hoy hay mucho interés y presión del capital internacional para invertir en exploración y explotación minera en Colombia, no sólo por los astronómicos precios del oro, sino por la abundancia de fuentes auríferas en el territorio nacional.

Hace poco, el director para América Latina del FMI, Nicolás Eyzaguirre —exministro de Hacienda de Chile—, dijo que en América Latina se necesita aumentar el impuesto a la explotación de los recursos naturales no renovables, pues el gravamen que pagan las firmas con concesiones privadas es muy bajo en la mayoría de los casos. En Colombia esto es cierto: el Gobierno anterior generó grandes concesiones y un régimen tributario especial para atraer inversión foránea. Un régimen de impuestos inadecuado implica que estamos desaprovechando una oportunidad para consolidar el desarrollo sostenible.

Nuestra riqueza en recursos naturales no renovables es una gran oportunidad. Si no la aprovechamos, además de perder nuestros recursos, perderemos una clara oportunidad de desarrollo y correremos el riesgo de experimentar graves crisis sociales y económicas. Son muchos los ejemplos de países ricos en petróleo y otros minerales en los cuales las consecuencias finales de poseer esta riqueza han sido negativas.

Manejar adecuadamente el boom minero no es sólo minimizar su impacto ambiental: es asegurar un crecimiento de largo plazo que no se puede sustentar en la explotación acelerada y desordenada. Por el momento no es evidente que el arreglo financiero y la gestión de regalías sean los mejores. Tampoco tenemos una institucionalidad asociada al Ministerio de Minas, ni una asociada al de Ambiente, preparada para afrontar y manejar este boom.

Por los altos precios que hoy se registran, no podemos feriar el país y sus riquezas. Debemos avanzar con seguridad y estrategia. El objetivo no es el rápido crecimiento del sector minero, sino el adecuado manejo de los recursos naturales no renovables, evitar impactos ambientales y sociales indeseables e innecesarios y asegurar la inversión de los excedentes para andar en el camino del desarrollo sostenible.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Juan Pablo Ruiz Soto

Legislación ambiental, no referente ético

Ambiente medio para un clima caliente

El clima alerta a Estados Unidos

Cuencas, aguas y Plan de Desarrollo

Reformando las CAR