Por: Pedro Viveros

¡Urgente, un Adolfo Suárez a la colombiana!

Hoy el país tiene un reto real y definitivo entre la implementación de los acuerdos de paz firmados en 2016 y la acción de un grupo de disidentes liderados por Iván Márquez y sus secuaces quienes, en un mensaje delirante, proponen enfrentar de nuevo a los colombianos en toda su dimensión. Las primeras reacciones a este nuevo escenario fluctuaron entre los líderes que buscan resolverlo con una solución total contra los acuerdos para echarlos por la borda y aquellos que quieren proteger a ciegas lo firmado en los documentos del Teatro Colón. Como en los tiempos de las tribus: lo que diga el líder siempre y cuando la responsabilidad recaiga en él y solo en él. En total desacuerdo. Siempre hay un Adolfo Suárez que salva de las tinieblas y el retroceso, por difícil que se vea el presente.  

Luego de la muerte de Francisco Franco, quien gobernó 40 años con mano férrea y sin garantías de ninguna índole una España ensimismada, retardataria y subdesarrollada, algunos líderes de mediados del siglo pasado al ser preguntados por los límites geográficos de ese continente respondían sin sonrojo que “Europa llega hasta los Pirineos”. Esa nación necesitaba un líder que permitiera una transición y redefiniera el sistema político español. El escogido fue un burócrata, poco carismático y extraído del gobierno franquista, cuya mayor recordación entre los ibéricos fue haber sido director de Radio y Televisión Española. Adolfo Suárez no era cacique, ni jefe supremo. Fue el hombre que lideró el consenso más importante de la segunda mitad del siglo XX, solo superado por la caída del muro de Berlín y el fin del comunismo.

A Suárez le correspondió darle legalidad al ilegal Partido Comunista Español, permitir el regreso de la democracia vía elecciones, cerrar las cortes y pactar con los radicales de izquierda para poder tener una política laboral y económica moderna y viable. Siempre bajo la mirada apetitosa y alerta de los franquistas y la parte de las fuerzas militares que añoraba las épocas del “generalísimo”. Suárez, conocedor de las ventajas del medio masivo de la televisión, lanzaba frases permanentes para decirles a sus conciudadanos que “el pueblo español está lo suficientemente maduro como para asimilar su propio pluralismo”. Estas osadas ideas le permitieron a Suárez, como presidente del Gobierno español, construir una coalición para el cambio de una patria dividida y estigmatizada, y llevarla a un reverdecer político que llegó hasta nuestra región enmarcada en una ola de democratización a una América Latina que en aquellos tiempos miraba a Franco como el regente de la casta.

Para algunos la figura de un Suárez a la colombiana hoy podría ser imposible. Primero, no somos una monarquía. La figura del Rey Juan Carlos I fue definitiva como escudo de Suárez. Segundo, no tuvimos un régimen franquista. Nuestra transición se da en cada elección presidencial. Sin embargo, nuestra dictadura perfecta ha sido la permanente desconfianza por ser realmente demócratas y permitir que quienes no creyeron en nuestro sistema político por múltiples razones, muchas fundamentadas otras no, accedan a vivir en una Colombia tranquila. ¡En esto sí nos parecemos!

Para salir de la crisis y transitar hacia una redefinida democracia necesitamos de la inteligencia persuasiva, compasiva y pragmática al estilo Adolfo Suárez, quien al liderar con un estilo colegiado y sin mano fuerte logró lo que siempre aspiró: la democracia para España. A propósito, el partido que lo consolidó como mandatario español fue (UCD) Unión del Centro Democrático. 

@pedroviverost

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