Por: Ernesto Yamhure

Uribe alcalde

LA COMPLEJA SITUACIÓN DE BOGOTÁ tiende a empeorar por cuenta de la indolencia del partido político que gobierna la capital desde hace ocho años.

Esperábamos que la justificadísima suspensión de Samuel Moreno obligara al Polo Democrático a hacer una reflexión profunda sobre su inmensa responsabilidad política por la debacle que padece la ciudad. Creíamos que los dirigentes de esa colectividad estarían a la altura de las demandas de los 7 millones de bogotanos.

Grande fue la sorpresa cuando se reveló la terna de la que pretenden sea designado el alcalde encargado mientras dura la suspensión de Moreno Rojas. Se trata de personas que seguramente son muy buenas en sus profesiones, pero que carecen de experiencia suficiente para administrar a un monstruo del tamaño de Bogotá.

A veces pienso que la terna integrada por Mariella Barragán, Tarsicio Mora y Jaime Moreno fue una medida de aceite que el Polo quiso practicarle al presidente Santos, quien inteligentemente ordenó hacerle un análisis jurídico —Barragán está inhabilitada— para efectos de no tener que decidir sobre los nombres allegados.

Este episodio convoca a los bogotanos a reflexionar con serenidad sobre el nombre de la persona que en pocos meses tendremos que elegir como nuevo alcalde.

Aparte de los candidatos que ya conocemos, surgió hace un par de días el nombre de la traidora exuribista y excongresista Gina Parody. Ella, que estaba desaparecida del escenario político, reapareció con el anhelo de ser alcaldesa de Bogotá.

¿Tiene experiencia —que no estudios— en administración pública? Su paso por el Congreso la exaltó como una parlamentaria harto eficiente en materia de control político, pero esa escuela no le concede, ni mucho menos, los pergaminos que la acrediten como una opción seria para rescatar a Bogotá de las cenizas y de la depresión en la que se encuentra gracias a la terrible estadía de Samuel Moreno en el Palacio de Liévano.

Quien asuma el próximo primero de enero, más que un constructor, debe ser un reconstructor, una persona capaz de levantar una vez más a la ciudad.

De acuerdo estoy con quienes plantean que el elegido debe construir un programa de ciudad que trascienda las fronteras antipáticas del partidismo.

En su momento propusimos que el uribismo explorara un entendimiento con David Luna. Nos sorprendió la respuesta de un conspicuo colaborador de esa campaña que se limitó a decir que con esa iniciativa se pretendía “contaminar a su candidato”. Humildemente, acusamos recibo del guantazo.

Las opciones son reducidas. Lo de Enrique Peñalosa no tiene mucho futuro. Él arranca bien todas sus campañas y con el paso de los días se desinfla cual llanta vieja.

Así las cosas y teniendo en consideración los grandes desafíos que enfrenta Bogotá, el expresidente Uribe debería replantear su decisión de no aspirar a la Alcaldía y prestarle ese servicio a los millones de ciudadanos que aclamamos una buena administración distrital.

La de Peñalosa es una apuesta arriesgada y muy difícil de ganar. De continuar con esa aventura, se abrirá camino para que por el medio termine colándose quién sabe cuál candidato incapaz de asumir con seriedad la responsabilidad de gobernar a Bogotá.

Son muchos los uribistas que día a día llaman a Uribe porque saben que él es el único ciudadano capaz de volver a Bogotá por el camino de progreso del que la sacó el Polo Democrático.

 

Twitter: @eyamhure

 

 

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