Por: Augusto Trujillo Muñoz

Uribe

Hace 150 años, el 12 de abril de 1859, nació en la vieja hacienda antioqueña de su familia, uno de los colombianos más ilustres de su época. Fue un auténtico hombre de ideas y de acción. Entre los colombianos abundan las referencias a su fecunda vida, pero escasean los estudios serios sobre su variada obra.

Como lo apunta Max Grillo, al general Rafael Uribe Uribe le interesaron la geografía, la estadística, la agricultura, las leyes, las letras y las armas: “En nuestra sociedad apática y lenta, un carácter y una labor de tal naturaleza, en cierto modo disuenan. En un pueblo que marcha con paso tardío, una actividad de la índole de la del doctor Uribe Uribe produce, en veces, desconcierto en quienes lo están contemplando”.

Si bien en 1876 Uribe –a los diez y siete años de edad- ya combatía como soldado de los ejércitos liberales, en 1881 obtenía el título de abogado en el Colegio Mayor del Rosario. De Bogotá regresó a Medellín donde se desempeñó como profesor de derecho público y de economía política, pero sólo un lustro después volvió a alistarse para participar en la guerra civil de 1885.

También ejerció el periodismo y combatió con la pluma, en tiempos en que era peligroso hacerlo. En 1886 fue hecho prisionero y desterrado de Antioquia, en razón de sus opiniones políticas. Pero una década más tarde se había convertido en miembro del Congreso Nacional, desde donde realizó sonoros debates en defensa de las ideas liberales y en contra de proyectos concretos presentados por el gobierno de la Regeneración.

En los inicios del siglo XX constituyó el “Bloque Liberal” en oposición al experimento bipartidista de la “Unión Republicana”, cuyos inspiradores convocaron tanto conservadores como liberales para alimentar su proyecto político. Las críticas de Uribe y de su amigos del Bloque se expresaban de manera eufemística: en la convocatoria del republicanismo “se reserva para los conservadores la franqueza y se deja a los liberales la prudencia”.

Gerardo Molina destaca la vocación igualitaria del general Uribe Uribe, cuando aboga por el establecimiento del impuesto a la renta: “es un hecho que en Colombia nadie paga lo que debiera de cierta riqueza para arriba, y que todos los demás pagan lo que no debieran, de cierta pobreza para abajo”.

En 1910, con motivo del centenario de la independencia, pronunció una célebre conferencia en la Academia Colombiana de Historia. Alguien, por esos días, expuso: “España sembró cabildos y cosechó naciones”. En su conferencia, Uribe se remonta a los orígenes del municipio en el medioevo ibérico y plantea la necesidad de recuperar el hilo perdido del ámbito local para construir una sociedad legítima: “los municipios fundaron la libertad, educaron el estado llano, inspiraron el derecho, recabaron las cartas-pueblas, crearon las milicias locales y emanciparon a los siervos”.

Quizás las haya en la bibliografía sobre Uribe, pero no tengo mucha noticia testimonial de quienes lo conocieron personalmente. Me impacta la de Juan Lozano y Lozano, consignada en el prologo al libro de uno de los grandes biógrafos del general. Lozano dice que, siendo un niño, alternó con el viejo guerrero por la cercana amistad que lo unía con su padre: “El hombre de mil facultades y virtudes y de una sola voluntad, Rafael Uribe Uribe, se destaca de las páginas de Eduardo Santa con todo su relieve de héroe nacional, de los que solo nacen una vez por país o una vez por centuria”. Lozano tenía autoridad para decirlo.

Ex senador, profesor universitario.

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