Por: Santiago Gamboa

Uribe, dios de la guerra

Qué bello espectáculo ofrecerá Uribe al mundo este sábado a la cabeza de sus huestes, con sus guardaespaldas llevando pancartas, en medio de señoras ricas y sus empleadas del servicio cargadas de neceseres, y rodeado de sus acólitos, los que le deben la vida y el sueldo, más otros que lo acompañarán porque voluntariamente creen más en la guerra que en la paz.

Con su Rasputín criollo José Obdulio inventando fábulas y óperas de diez centavos; con Pachito, su Donald Trump en baja resolución; con las senadoras Valencia y Cabal, Medeas y Yocastas del CD que ostentan un pasivo educacional y de lectura que así por encima calculo en unas 280 mil páginas, redondeando por lo bajo; con Oscar Iván conectado por Skype gracias a la tecnología que le instaló Sepúlveda en su celular 5G, y Uribe allí en medio, exaltado porque en este día del odio volverá a ser la estrella, el planeta rojo que más genera calor, con su sistema nervioso parasimpático transformado en central térmica de alto voltaje, como si sus mejillas y cuello estuvieran conectados a los nuevos cables de Guatapé, prestados por sus amigos de las EPM, y gritando a voz en cuello: “¿Creen ustedes, estimados congéneres, que en este país del Sagrado Corazón en el que a pesar de todo reino sin trono, en el que la felicidad interna bruta es altísima, mucho más que en naciones prósperas como Afganistán o Haití, creen ustedes, amigos del mundo, que de verdad estamos ávidos por acercarnos a un acuerdo de paz? ¡No! ¡Lejos de eso! ¿Y por qué? Porque acá lo que nos gusta es la chumbimba, ¿si me entienden, repúblicas hermanas del planeta? Cuál paz ni pendejadas de esas, no señores, plomo y más plomo, que es el único sentido de la justicia respetable, y que nadie se llame a engaño, pues aquí el folclor que mejor nos representa no se hace con tiples o marimbas o acordeones, sino con metralletas, como bien entendieron mis queridos hermanos Zuleta. Qué hermosos sones, qué armonía, qué paz. Esa sí me gusta. Hoy le demostraremos al mundo que lo nuestro es la guerra”.

Y así deambulará por las calles bogotanas, ya húmedas por las lluvias de abril, gritando que este gobierno malvado, que según él le metió al hermano a la cárcel y amenazó a sus hijos y socios, es además responsable del microtráfico y también del fenómeno del Niño, del Zika y del Chikunguña y de la caída de los precios del petróleo. Si Santos hiciera llover monedas de oro agregaría a la lista los descalabrados. Pero Uribe no es bobo. En este día del odio podrá tomarle el pulso a la opinión, saber si las encuestas sobre la guerra y la paz son de verdad lo que parecen, de cara a un probable plebiscito. ¿Lloverá? Este sábado sabremos si Zeus, dominador de la lluvia, es uribista.

Y algo más, que no debe haber escapado a su equipo de propaganda: el 29 de enero de 1942, Joseph Goëbbels escribió en su diario: “Las gentes son mucho más primitivas de lo que solemos imaginar. Por eso la propaganda debe ser fundamentalmente primitiva e insistente. A largo plazo consigue influir a la opinión pública únicamente quien es capaz de reducir los problemas a sus más sencillos términos y tiene el valor preciso para repetir una y otra vez esta fórmula simplista, pese a todas las objeciones de los intelectuales”.

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