Por: Felipe Zuleta Lleras

Uribe, el aterrado

Finalmente se acaba la campaña presidencial y hoy conoceremos quién será la persona que nos gobierne desde la Casa de Nariño por los próximos cuatro años.

Sin lugar a dudas esta ha sido una de las más tortuosas contiendas de las que recordemos. Eso se debe a la detestable presencia del senador Álvaro Uribe Vélez, quien se ha dedicado a sembrar de odio lo que en otras latitudes sería una fiesta de la democracia.

Uribe ha calumniado, ha mentido, ha insultado, ha llevado al país a fracturarse, y eso no lo ha hecho pensando en la Colombia que dice tanto amar con sus huesitos y sus carnitas. Lo hace porque está aterrado de que no llegue a la Presidencia su candidato. El senador sabe que a partir del 20 de julio queda a instancias de la Corte Suprema de Justicia en su condición de congresista y, por supuesto, de la Fiscalía General de la Nación que tanto detesta, como abomina de todo aquello que tiene que ver con el Estado y que no se ajuste a sus necesidades.

Bien sabe el expresidente que durante su gobierno se cometieron muchos crímenes, los que quedarán seguramente impunes por su condición cuando gobernaba desde la Casa de Nari. Pero los que no quedarán impunes serán los que tienen que ver con los falsos positivos y los que habría cometido en su locura y desenfreno en las últimas semanas, en las que se ha dedicado a calumniar a la campaña del presidente Santos, a sus opositores, a algunos periodistas.

Entiendo que el senador esté preocupado por las acusaciones que se han hecho en contra de su hermano por parte del coronel Róbinson González, quien sostiene que Santiago Uribe mantuvo reuniones con paramilitares. Entiendo que también deben tenerlo mortificado las declaraciones del Tuso Sierra sobre los dineros que le dio a su primo, el exconvicto Mario Uribe. Hay toda clase de acusaciones en contra de Uribe y sus inmediatos colaboradores. Entre ellos, por supuesto, varios exministros y su directora del DAS, la Sra. Hurtado, ciudadana a la que el propio Uribe le consiguió un cuestionado asilo en Panamá, hoy tambaleante.

Uribe necesita por todas estas razones que gane el doctor Zuluaga, un ciudadano que, de llegar a la Presidencia, tendrá que gobernar amarrado de pies y manos por parte de su Gepeto. La diferencia es que el Pinocho del cuento era rebelde. Zuluaga en cambio no podrá serlo pues está hipotecado a quien lo sacó del anonimato y lo convirtió en candidato. Si Zuluaga no llegara con ese fardo posiblemente no lo haría ni mal, pero desafortunadamente, para él, tendría que jugar un papel muy difícil y es el de tratar de tapar desde la Presidencia todas las conductas censurables, por no decir lo menos, del senador Uribe.

Así pues, hoy no nos queda nada distinto que escoger entre Uribe y Santos, y la verdad prefiero la paz, la democracia, el respeto por las ideas ajenas, que volver a las épocas de terror del gobierno de Uribe en cuerpo ajeno. Porque si hay alguien peligroso y vengativo en este país es Uribe Vélez.

Buscar columnista

Últimas Columnas de Felipe Zuleta Lleras