Uribe: el odio democrático

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Salió Uribe de su arresto como una serpiente cascabel de una hoguera, atacando con rabia, ansiosa de morder. Como si toda Colombia fuera culpable de lo que le pasó. Salió a vengarse igual que esos maridos violentos que, al ser liberados de prisión, vuelven a la casa y se ensañan con la esposa y los hijos. Uribe quiere un desquite y por eso golpea. Clama venganza y siente que el país se lo debe: ¿cómo se atrevieron a detenerlo? La nación entera tendrá que pagar el precio de tal osadía. El Gran Colombiano estuvo dos meses sin poder salir de su finca y esa culpa, como un estigma, pesará sobre todos nosotros. Nos costará caro. Ahora más que nunca quiere que Colombia vuelva a ser ese país en el que las Farc se tomaban pueblos y el paramilitarismo hacía masacres. Ese es el país que le gusta a él, con el Hospital Militar lleno de soldados heridos y la gente muy emberracada votando “por el que diga Uribe”. Es el país que tendremos que darle en retribución por su arresto.

La primera víctima es y seguirá siendo Iván Duque. Su mala suerte fue que lo dejaran libre. No tengo dudas de que Duque rezó en silencio, de rodillas, para que la justicia le quitara ese problemita de la nuca, pues él, en el fondo de su alma, ¡quiere ser presidente de Colombia! Pero no. Uribe quedó libre y sus aspiraciones presidenciales se esfumaron. Las órdenes seguirán llegando cotidianamente a su despacho a través del efectivo servicio de Rappi Órdenes, en cabeza de la señora Alicia Arango, secretaria personal de Uribe y nombrada por el supremo jefe en el Ministerio del Interior, que le queda prestado. De ahí su lealtad. Los invito a ver la hoja de vida de esa extravagante ministra. Por fuera del uribismo no le alcanzaría ni para subsecretaria de Deportes de Bolívar. Por todo esto es que el pobre Duque tendrá que empezar el segundo tiempo de su mandato como el Cortuluá cuando va perdiendo cuatro a cero, y a este paso no va a quedar ni en la lista de presidentes del país. En los libros de historia habrá una nota de pie de página después de los dos mandatos de Santos que dirá más o menos esto: “Periodo presidencial 2018-2022 o Tercera Patria Uribista. Mandatario: Álvaro Uribe a través de su secretaria Alicia Arango. Técnico de sonido: Iván Duque”.

El pobre Duque, un personaje inseguro, incluso con pinta de buena papa. Dicen (pero esto puede ser un chisme) que es adicto a las hamburguesas. Supongo que será a las de El Corral, donde, como en la Casa de Nariño o la Fiscalía, se rigen por ese mantra que dice: “Sólo manejamos productos Postobón”. Dizque se sabe muchas canciones de Silvio Rodríguez y las canta en los almuerzos del Centro Democrático, lo que pone muy nerviosos a José Obdulio y a la Cabal, que prefieren el vallenato de los hermanos Zuleta, sobre todo esa que comienza con una ráfaga de disparos. Todos sabemos que Duque adora el fútbol y me cuentan que le gustan mucho la literatura y el cine, y que incluso va a las librerías de viejo a buscar títulos raros. Su padre fue una gran persona, a ese sí lo conocí hace mil años. La verdad es que el pobre Iván, si no fuera presidente, sería un tipo simpatiquísimo. Pero hoy, a su pesar, es la primera víctima de la liberación de Uribe, de su festín del odio democrático.

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