Por: Guillermo González Uribe

Uribe, la guerra y los niños

Detrás de cada ser humano que muere en una guerra hay una tragedia familiar, social y política. Y lo es más cuando los muertos son niños. La cruda verdad es que mientras haya guerra en Colombia, habrá niños en la guerra.

Las niñas, niños y jóvenes generalmente son más fáciles de reclutar, pues sus principios éticos y morales están en proceso de estructuración. Usualmente son arriesgados y valientes. Aprenden rápido. Por todo ello, son los preferidos por los armados. En el país, mientras existan zonas en las que no hay presencia integral del Estado, y los muchachos vivan en condiciones paupérrimas, muchas veces sin posibilidad de estudiar, tener una vivienda digna e incluso comer, y esas regiones sean manejadas por armados (guerrillas, paramilitares o disidencias), los admirados por los niños seguirán siendo aquellos que tienen el poder, las armas, el dinero.

Además, en muchos casos, por las condiciones en que viven sus familias, los jóvenes son sometidos a violencia intrafamiliar. Sumando lo anterior da como resultado un coctel explosivo ideal para que los muchachos ingresen a la guerra; una bomba de tiempo que sólo es posible desactivar si se para la guerra.

Lo positivo del gobierno de Santos fue poner los cimientos para detener la guerra. Firmó el acuerdo con las Farc. Retomó el camino del diálogo con el Eln, y empezó a buscar salidas sociales al problema del narcotráfico, iniciando la sustitución manual de cultivos de común acuerdo con las comunidades. Pero estos pasos son apenas la cuota inicial, quedan faltando los componentes sociales, políticos y económicos que permitan devolver la paz al país.

¿Qué ha hecho el actual partido de gobierno, su líder Álvaro Uribe y su presidente, Iván Duque? Todo lo contrario. Han sentado las bases para que la guerra se reactive rápido y con fuerza, incluyendo, lógicamente, la presencia de los niños en la guerra. En parte lo han logrado, pero a costa de su prestigio, que nunca había caído tanto.

Comenzaron pidiendo “hacer trizas” el acuerdo de paz (F. Londoño) (https://noticias.canal1.com.co/noticias/fernando-londono-y-alejandro-ordonez-prometen-volver-trizas-el-acuerdo-de-paz/). Luego, ya con el poder en las manos, amenazaron a la cúpula militar de entonces, llamándolos “generales enmermelados” (J.O. Gaviria) (https://www.elespectador.com/noticias/politica/acusan-jose-obdulio-gaviria-de-presionar-militares-para-que-apoyen-modificaciones-la-jep-articulo-797336), y anunciando que pronto serían retirados por “genuflexos e inservibles” (M.F. Cabal) (https://www.elespectador.com/noticias/politica/las-criticas-de-maria-fernanda-cabal-la-cupula-militar-y-al-presidente-duque-articulo-811704),  como en efecto ocurrió.

En el proceso de empalme, fue encargado un general (L. Barrero) que había sido llamado a calificar servicios por haber incitado a otro oficial a “armar una mafia” para desprestigiar a la justicia, quien señaló “Ustedes, que se ufanan de que no hay soldados heridos en el Hospital Militar… ¡prepárense porque vuelve la guerra!” (https://www.semana.com/opinion/articulo/preparense-porque-vuelve-la-guerra-por-maria-jimena-duzan/575193).

Ya en el gobierno, el uribismo nombró una cúpula militar integrada por «al menos nueve generales sobre los que existen “evidencias creíbles” que los vinculan a ejecuciones extrajudiciales de civiles presentadas como bajas en combate» (Human Rights Watch) (https://elpais.com/internacional/2019/02/27/colombia/1551275110_785300.html). Al poco tiempo el comandante del Ejercito (N. Martínez) expidió una directriz que en la práctica está reviviendo el asesinato de civiles por parte de integrantes del Ejército (https://www.nytimes.com/es/2019/05/18/colombia-ejercito-falsos-positivos/).

Así mismo, los saboteos al cumplimiento de los acuerdos de paz por parte del uribismo están logrando que se fortalezcan las disidencias, mientras se multiplican los asesinatos de líderes populares y exintegrantes de las Farc, con la pasividad, complicidad o acción del gobierno. Por otra parte, las zonas donde operaban las Farc fueron dejadas al garete de forma tal que han sido copadas por otros armados ilegales. Y mientras crece la protesta social, el Gobierno se ha dedicado durante meses a atizar un conflicto con Venezuela.

Uribe y sus incondicionales olvidan que no estamos en el 2002, cuando él llegó al poder y el país vivía otro momento. Durante los años finales de las recientes negociaciones de paz, Colombia comenzó a vivir un ambiente y una realidad distintos, que millones de personas alcanzaron a sentir. Hoy en día el uribismo no cuenta con mayorías en el Congreso, y los resultados de las recientes elecciones muestran que el país está cansado de las opciones extremas y que las alternativas políticas con contenido social, y de corte centrista, son las que tienen mayor acogida.

Les queda a Uribe y a los suyos la opción de rancharse en la guerra, cargando a diario muertos a sus espaldas y desprestigiándose cada vez más, o buscar acuerdos con sectores democráticos para afianzar la paz y contribuir a construir entre todos un país digno y vivible para las grandes mayorías.

Por último, cuando se ve a Álvaro Uribe compungido por la muerte de niños en la guerra, viene a la mente que durante el proceso de reinserción con los paramilitares cerca de tres mil niños y jóvenes que estaban en armas fueron devueltos a sus casas sin ningún acompañamiento, ayuda o protección. Algunos de ellos fueron asesinados.

Al respecto, el comandante paramilitar Iván Roberto Duque contaba un diálogo que sostuvo con el entonces alto comisionado para la Paz, Luis Carlos Restrepo: «me llamó poderosamente la atención que a la mesa donde estábamos se acercaron dos menores de edad, casi a suplicarle al comisionado que por qué no los metían “a la vuelta” (el proceso de reinserción). Cuando yo le dije que solucionáramos este problema, el doctor Restrepo respondió: “No, son instrucciones del señor presidente”»(htts://www.elespectador.com/noticias/judicial/luis-carlos-restrepo-no-queria-saber-nada-de-menores-co-articulo-505085). Posiblemente un crímen de lesa humanidad, que aún no ha sido investigado.

* Guillermo González Uribe es autor de “Los niños de la guerra”, Premio Planeta 2002, y “Los niños de la guerra, quince años después” (PRH, 2017).

892042

2019-11-21T00:00:50-05:00

column

2019-11-21T10:40:51-05:00

ficaco04_81

none

Uribe, la guerra y los niños

29

7470

7499

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Guillermo González Uribe

Molano, el imprescindible

Pizano, el testigo “neutralizado”

Una película imperdible