Por: Cecilia Orozco Tascón

“Uribe, mentiroso”

“¡Uribe, mentiroso!... Uribe tiene que presentar sus pruebas. O si no, este pueblo de Colombia va a estar gritando todo el tiempo ‘Uribe, mentiroso; Uribe, mentiroso’…”.

Estas fueron las impactantes palabras del expresidente César Gaviria en el cierre de la campaña presidencial el año pasado. Me informan que, hoy, Gaviria y Álvaro Uribe se han acercado. No me consta. Sin embargo, no me extrañaría. La incoherencia reina entre nuestros hombres públicos porque nadie la cobra. Por el contrario, la premian con más votos. No obstante, el famoso estribillo con que Gaviria le salió al paso a Uribe cuando éste quiso ganar las elecciones a costa de dimes y diretes que después no pudo, precisamente, probar —terminó admitiendo que sólo había oído chismes de un fulano que a su vez los había escuchado de zutano, y zutano se perdió a la hora de declarar judicialmente sobre sus dichos—, repito, el estribillo “mentiroso, mentiroso, mentiroso” volvería a encajarle a Uribe debido a tanta afirmación irresponsable que ha soltado, nerviosamente, con ocasión del regreso de su directora de inteligencia María del Pilar Hurtado.

En sus múltiples trinos (más de 50) de las últimas horas, usó su arma favorita, es decir, la de desprestigiar a sus contradictores, contra uno de los funcionarios más perseguidos en sus dos gobiernos, el expresidente de la Corte Suprema César Julio Valencia. Primero escribió: “Valencia Copete fue a la Presidencia para que le ayudáramos a ser presidente de la Corte. ¿Se le puede creer?”. Y a continuación publicó la relación de fechas de ingreso del exmagistrado a la Casa de Nariño. Como el exmandatario se caracteriza por sus reacciones primarias, en lugar de asestarle un golpe a su contrario, se pegó, él solito, un tiro en el pie. Las fechas aportadas en su cuenta de Twitter como evidencia de la presunta “lagartería” del dignatario judicial al que le cobra, todavía, que se le hubiera plantado para hacerle respetar la autonomía de la justicia, demuestran exactamente lo contrario. Uribe certifica que Valencia Copete visitó el palacio presidencial en cinco ocasiones: dos en 2003, una en 2005 y dos en 2007. Esas fechas revelan, respectivamente, que cuando Valencia fue en 2003 faltaban cuatro años para su elección; que cuando entró a la casa de la carrera octava en 2005 faltaban dos años, y que cuando ingresó al palacio en 2007 ya había sido elegido: Valencia se posesionó el 8 de febrero de 2007 y su primera visita de ese año a la sede del Ejecutivo se presentó, según el propio Uribe, dos meses después.

Para terminar, Uribe recordó que denunció penalmente a Valencia Copete pero omite informar que el proceso por injuria y calumnia de Álvaro Uribe vs César Julio Valencia concluyó con archivo definitivo a favor del exmagistrado, el 12 de mayo de 2012, con las siguientes frases: “revisado el material probatorio recaudado (se) concluye que la actuación del señor magistrado estuvo acorde con la ley y que (su conducta no se adecuó) a los tipos penales endilgados por el señor Presidente de la República... suficiente lo anterior para afirmar que el magistrado tuvo un comportamiento ajustado a derecho”. “Uribe, mentiroso; Uribe, mentiroso”, solía decir César Gaviria.

Entre paréntesis. Me da tristeza que uno de los periodistas más respetados del gremio, Hernán Peláez, le haya dado vocería radial a un hombre tan cuestionado como Álvarez Gardeazábal, condenado por la Corte Suprema por haber recibido dinero del cartel de Cali. Me da más tristeza, aún, que sabiendo que ese personaje se dedicó después a ser lobista del poder, allá, en su famosa finca donde ofrecía almuerzos a ministros, procuradores, contraloras y todos quienes podían devolver con creces sus opíparas atenciones, lo defienda ofendiendo a otros, y como si Álvarez fuera el adalid de la independencia periodística. ¡Qué dolor, qué error!

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