Por: Felipe Zuleta Lleras

Uribe por fuera

JAMÁS PENSÉ QUE TUVIÉRAMOS la suerte de ver salir del gobierno a Álvaro Uribe Vélez, un presidente polémico, frentero, divagador y, ante todo, peligroso.

Quienes hicimos oposición al régimen de Uribe fuimos estigmatizados, tachados de guerrilleros, perseguidos, chuzados. Si hay algo que nos quedó claro después de estos ocho años, es que Uribe implantó la política del todo vale, corrió los bordes del Código Penal y las líneas de la ética y las buenas costumbres. Uribe les enseñó a los colombianos que la ley y la moral se pueden vulnerar sin aparentes consecuencias. Y digo aparentes porque no pasarán muchos meses antes de que veamos a muchos de los cercanos colaboradores del ex presidente pagando largas condenas por delitos como las chuzadas y la corrupción.

No tengo memoria de haber visto agonía tan dramática como la del gobierno de Uribe. Los últimos tres meses fueron una pesadilla para el ex presidente. Desde el llamamiento a juicio a su ex ministro del Interior por la yidispolítica hasta la solicitud de investigación a uno de sus hijos por el caso de las notarías. A eso súmenle que le vincularon a sus colaboradores inmediatos al caso de las chuzadas.

Se equivoca el ex presidente si cree que quienes le hicimos oposición vamos a dejar que todos estos casos se olviden con el paso de los días. Entre ellos por supuesto los mal llamados falsos positivos, por los que tiene que responder el propio Uribe en su calidad de comandante en jefe de las FF.MM. Esta semana anuncié que lo denunciaré ante la Comisión de Acusaciones de la Cámara, comisión que procederá a absolverlo como hizo la Fiscalía con el presidente Santos. Estas absoluciones son precisamente las que nos permitirán ir a la Corte Penal Internacional con las madres de Soacha, en cuyos casos no ha habido ni una sola condena y más bien ha habido toda clase de maniobras dilatorias para que las audiencias no se realicen.

Se equivocan los uribistas si creen que transmitiendo cadenas en sus chats pueden frenar que Uribe vaya a la CPI. La muerte de más de 3.000 muchachos para mostrar supuestos resultados y el cobro de recompensas no es un asunto que pueda quedar en la en la impunidad. Si nuestra justicia no opera, la internacional lo hará.

Cuando uno compara la cifra de las personas muertas durante los 17 años de Pinochet en Chile (3.200) y sabe que acá puede haber más de 5.000 asesinatos entre los falsos positivos y los sindicalistas, no puede menos que denunciar estos hechos, con todos los riesgos que eso implica.

Por supuesto que debo confesarles que a mí me preocupa mucho más Uribe como ex presidente, porque con su peligrosidad no me cabe la menor duda que hará todo cuanto esté a su alcance para desestabilizar el gobierno del presidente Santos, entre otras cosas para que el país crea que él era imprescindible. Y conociendo que para Uribe todo vale, es claro que quienes le hicimos oposición quedamos expuestos a peligrosas retaliaciones.

 

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