Por: Santiago Gamboa

Uribe vs. Mockus y la vida

Por supuesto que saldré a marchar “por la vida” al lado de Antanas Mockus, uno de los hombres políticos más limpios que ha dado este país de “cafres”.

Funcionario que basó su fuerza electoral en el intelecto y sus capacidades de pedagogo al mando de la Universidad Nacional, probablemente la institución más respetable del Estado, pero sin transformar su alta cultura en una azotea para mirar y juzgar desde ahí a la plebe, como hacen algunos intelectuales reaccionarios (empezando por nuestro querido Gómez Dávila); un camino honorable —como el de su par Sergio Fajardo— que además viene desde la periferia, no de la aristocracia de las ciudades y su anacrónico baile de apellidos importantes ni de la otra aristocracia terrateniente del campo, no menos anacrónica, y por eso cuando llegó a la Alcaldía de Bogotá lo hizo con los votos de sus exalumnos y de la gente decente y no con el apoyo de esas otras fuerzas oscuras, las que todos conocemos y que de tan oscuras en el fondo son clarísimas. En fin, una persona de bien, “en el buen sentido de la palabra, bueno” (cito a Machado).

Por eso es tan increíble que el siniestro Dr. Uribe y su neomillonario hijo Tomás acusen a Mockus de organizar la Marcha por la Vida respondiendo exclusivamente a un contrato con el Estado. ¡Como si el país no conociera a Mockus y supiera cuáles son sus valores! Y peor aún: ¿desde qué púlpito hablan los Uribe? ¿Creen que los colombianos somos amnésicos? ¡El país no ha olvidado cómo se construyó la fortuna de Tomasito, hijo de papá presidente! Si esto no fuera tan odioso, sería para morirse de la risa. Jamás he visto en la era moderna un ejemplo mejor de ese dicho popular que dice: “el ladrón juzga por su condición”. El siniestro Dr. Uribe, comprador de conciencias en el Congreso, facilitador y amigo de paramilitares (como demostró Iván Cepeda), cuya máxima pedagogía al pueblo colombiano fue y sigue siendo la de propagar el valor de la mentira (como denunció Gaviria) y eso de que “del engaño siempre algo queda”; Uribe el gran teórico del “todo vale” para encubrir y sobre todo para atacar a los rivales políticos (¿cuándo se ablandará la señora Hurtado?). Que ese siniestro doctorcito se permita darle lecciones de ética a Mockus, al verdadero humanista, me hace comprender hasta qué punto la colombiana es una sociedad profundamente enferma, cerca de convertirse en un gigantesco hospital psiquiátrico.

Comprendo que, en tanto ciudadano y expresidente, se quiera invitar a Uribe a la Marcha por la Vida. Pero por pura coherencia sería lógico que decida no participar, ya que él representa valores absolutamente contrarios: la supremacía del odio sobre el perdón. La fuerza bruta sobre la tolerancia. La barbarie contra la imaginación. La muerte versus la vida. Algo que puede resumirse así: la ignorancia versus la lucidez. Porque sólo en un país con muy baja educación un pequeño doctorcito como Uribe puede propagar sus tesis y ser tomado en cuenta. Pero aun así, si él y sus hijos deciden participar en la marcha, serán bienvenidos. Puede incluso que se los reciba con los brazos abiertos. Porque esta otra Colombia que quiere la paz y protege la vida, que busca reconciliarse, no es como la que él soñó y quiso hacer perdurar.

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2015-03-06T20:56:27-05:00

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2015-03-07T10:16:46-05:00

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