Por: Alejandro Gaviria

Uribe vs. Santos

HACE YA CASI DIEZ AÑOS, DOS DE los principales protagonistas de la política colombiana, el presidente Álvaro Uribe y el candidato Juan Manuel Santos, tuvieron una interesante disputa jurídica, una desavenencia pública que ha sido ya olvidada en medio de la cambiante historia de la política nacional.

En la comedia de la política, ya lo sabemos, los protagonistas cambian de papeles frecuentemente. Los rivales se convierten en aliados. Los aliados, en rivales. Y las lealtades van y vienen todo el tiempo.

En los primeros meses del año 2001, cuando era todavía un candidato presidencial desconocido, con apenas el mítico dos por ciento en las encuestas, el ciudadano Álvaro Uribe Vélez demandó ante la Corte Constitucional varios artículos de la ley de presupuesto aprobada algunos meses atrás por el Congreso. En su opinión, el entonces ministro de Hacienda, Juan Manuel Santos, había transgredido varios principios constitucionales al distribuir partidas de inversión regional por varios miles de millones de pesos entre cientos de congresistas. Para el demandante, estas partidas revivían los auxilios parlamentarios, sesgaban la competencia política a favor de los congresistas beneficiados y menoscaban la independencia del Congreso de la República. “¿Cómo puede haber autonomía e independencia del Congreso respecto del Ejecutivo, y un análisis crítico de los actos del Gobierno, si los congresistas, para hacerse reelegir, deben contar con la respectiva partida presupuestal?”, preguntó entonces el actual Presidente de la República. Años más tarde, otros actores formularían la misma pregunta, pero el acusado de “hacer política con dineros públicos” había cambiado. Era esta vez el acusador de antaño, el mismísimo presidente Álvaro Uribe Vélez.

El ex ministro Santos se defendió con el argumento de siempre, con la invocación estándar a los beneficios sociales de la politiquería. “Los congresistas durante el debate del presupuesto realizaron gestiones para conseguir que el Ejecutivo apoyara presupuestalmente a sus regiones… propósito loable que comparte plenamente el Gobierno”, dijo uno de sus representantes. Pero el demandante nunca compartió los eufemismos del ministro Santos. Señaló entonces que las partidas en cuestión eran “halagos presupuestales, burocráticos o contractuales”. Hizo suya la denuncia formulada por el ex presidente Alfonso López Michelsen, según la cual “no uno sino varios senadores confiesan haber sido tentados por funcionarios y ex funcionarios de la administración Pastrana que… les abrieron el apetito con algunos auxilios parlamentarios disfrazados”. Años después, Pastrana acusaría a Uribe de comprar las conciencias de algunos congresistas. La política, lo dijo alguna vez el mismo presidente Uribe, tiene mucho de farsa.

La Corte Constitucional terminó dándole la razón a Juan Manuel Santos. Señaló, en noviembre de 2001, que no podía suponer la mala fe de los congresistas o especular sobre los motivos que los llevaron a votar de una u otra manera. La politiquería, habría que reconocerlo de una vez, no es inconstitucional. La política da muchas vueltas. Cambian las ideas. Cambian los principios. Cambian las lealtades. Cambian los partidos. Hasta cambian los presidentes. Pero la politiquería nunca cambia. Sobrevive a todo. Ha sido y sigue siendo parte del sistema.

agaviria.blogspot.com.

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