Por: Eduardo Sarmiento

Uribe y el Banco de la República

El Presidente no va mas allá de calificar de fundamentalistas de mercado a los que recomiendan elevar la tasa de interés.

En los últimos años apareció un enfrentamiento entre el Banco de la República y el presidente Uribe. Dentro de la concepción del Banco Central autónomo y de la inflación objetivo, los directores han venido elevando la tasa de interés. Por su parte, el Presidente sostiene que esta política revalúa el tipo de cambio y provoca desaceleración de la actividad productiva y solicita revertir el manejo.

La última entrega de la revista  The Economist dedica la carátula al regreso de la inflación y emplea varias páginas para analizar el tema. La prestigiosa publicación sostiene que los países emergentes están cometiendo los mismos errores de los países desarrollados en la década del setenta, cuando propiciaron excesivos crecimientos de los agregados monetarios que elevaron la inflación.

Agrega que la dolencia se vio agravada y prolongada por el intento de contrarrestarla con subsidios y controles de precios. En consecuencia, recomienda a los países emergentes contraer la demanda mediante la elevación de las tasas de interés y el mantenimiento de tipo de cambio revaluados.

El diagnóstico es equivocado y puede causar mucho daño. En la década del setenta la inflación tenía un origen monetario. Las economías eran cerradas al comercio internacional y experimentaban altas tasas de crecimiento. El alza de la tasa de interés o la contracción monetaria permitía neutralizar los brotes inflacionarios sin afectar considerablemente la actividad productiva.

En el último libro Economía y globalización se muestra que las condiciones cambiaron con la globalización. En razón de que la mayoría de los bienes están integrados al comercio internacional, es decir, pueden ser transados, sus precios son determinados en el exterior y la inflación tiene un elevado componente externo.

Así, en Colombia la entrada masiva de capitales se manifestó inicialmente en revaluación y luego se movilizó por diversos conductos para presionar la demanda de los bienes no transables, a tiempo que las alzas de los precios internacionales se trasladaron a los alimentos y las materias primas.

A diferencia de la década del setenta, cuando la inflación coincidía con la devaluación, en la actualidad en muchos de los países emergentes la inflación coincide con la revaluación. En tales condiciones, la elevación de la tasa de interés no afecta considerablemente la inflación y, en su lugar, causa revaluación y arrasa la producción y el empleo. El remedio resulta peor que la enfermedad.

Sin hacerlo explícito, estamos ante un conflicto de marca mayor. El Banco justifica la política de tasas de interés en la concepción monetarista que se impuso en los últimos veinte años, sirvió de fundamento al Banco de la República y tiene el respaldo de más de cinco premios Nobel. Por su parte, el presidente Uribe basa sus planteamientos en la intuición que le indica que la política conduce a un estado de difícil retorno. Sin embargo, no dispone de teoría para demostrarlo y mucho menos para presentar alternativas. No va mas allá de calificar de fundamentalistas de mercado a quienes recomiendan elevar de tasa de interés, cuando en los seis años de gobierno no ha ahorrado tinta para nombrar fundamentalistas.

El debate es el mismo que se viene realizando de tiempo atrás sobre la globalización. Poco a poco se reconoce que las reformas del consenso de Washington lesionaron el bienestar social, pero se mantiene la misma teoría y el mismo modelo que causa el daño. Así, el Gobierno cuestiona los resultados del Banco de la República y del Ministro de Hacienda, pero no actúa sobre el monumental andamiaje montado para darle prioridad a la inflación sobre cualquier otro propósito. Mientras se mantenga este modelo, el Banco, por mandato constitucional y por la moda, procederá a elevar las tasas de interés cada vez que suba la inflación.

Cuando el Presidente le solicita al Banco de la República bajar las tasas de interés, en el fondo le está pidiendo que busque otros caminos para revertir la revaluación y controlar la inflación. Lo que no advierte es que este camino implica modificar la concepción teórica del Emisor. De hecho, significaría construir un modelo que deje de lado las metas arbitrarias de la inflación y los ajustes mecánicos de la tasa de interés, adopte un sistema de cambio fijo ajustable y acuda abiertamente a los controles generalizados de capitales e incluso aplique subsidios a los alimentos y combustibles.

La impresión es que el conflicto entre el Banco y el Presidente continuará y no se resolverá porque tienen visiones diferentes. ¿Cuál será el desenlace final? Si el proceso de revaluación continúa, la economía podría precipitarse a un colapso que llevaría a cambiar en el desespero la orientación del Banco de la República. En lugar de las medidas de intervención sugeridas en materia del tipo de cambio, controles de capitales y manejo combinado de las políticas fiscal y monetaria, el país terminaría en un severo sistema de control de cambios.

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