Por: Ana Milena Muñoz de Gaviria

Uribe y Poncio Pilatos

TODO EL MUNDO QUIERE QUE Uribe defina si quiere o no la reelección, pues la verdad es que el tema se ha vuelto un poco confuso. Y es que el Presidente permite la recolección de firmas al no pronunciarse al respecto, como esperando a que el tiempo pase para tomar una decisión que terminará, entonces, dependiendo de diversos factores, según su propia conveniencia.

Por ahora la estrategia del Gobierno, del Presidente y de sus allegados es dejar las cosas así mientras son los demás los que se desgastan en un debate que toma visos de enfrentamiento irreconciliable. Ahora resulta que como hay tanta polarización frente al presidente Uribe, es ello lo que justifica su reelección.

La popularidad del Presidente continúa siendo muy alta, así que no tiene por qué preocuparse en manifestarse por lo menos expresamente. La gran mayoría de los colombianos está contenta y quiere el continuismo y, por lo tanto, la reelección. De hecho, la recolección de firmas se ha venido haciendo con base en esos criterios y parece ser exitosa.

La verdad es que todo indicaría que el Presidente está a la espera de cómo le va en los próximos meses en temas cruciales como la lucha contra el terrorismo y las Farc, en su política de entrega de los paramilitares, en sus relaciones con los vecinos, en la economía y en la lucha contra la pobreza, y en quiénes podrían ser sus posibles contrincantes o sucesores. Ante todo va a esperar para ver cuál es su favorabilidad, porque en realidad a Uribe no le gusta ni que le vaya mal ni que lo critiquen; es políticamente pragmático y no es un buen perdedor.

El Presidente juega finalmente a varias bandas. Y siempre a ganar. Sin embargo, en la lucha contra las Farc y a pesar de los golpes que le ha propinado a esta organización, el éxito depende del largo plazo y de la posibilidad real de acabar con este flagelo.

En cuanto a las relaciones externas, le ha ido bien cuando él las maneja. Pero debe ser presidente y no canciller. En el conflicto con Ecuador y Venezuela le fue finalmente bien: su popularidad subió y los ciudadanos están contentos y tranquilos con su liderazgo y con la forma en que resolvió, en una primera etapa, el problema. La pelea con Chávez, que tiene visos personales, lleva a pensar que si éste se perpetúa Uribe también lo hará. En cuanto a los Estados Unidos, frente a la situación en la región y sus gobernantes, Uribe es sin lugar a dudas el mejor: está comprometido con ese país, ha sido un aliado frente al bloque de países liderado por Chávez y ha sido parte activa en la lucha contra el terrorismo.

En cuanto a la parapolítica, ha sorteado relativamente bien los problemas que ha tenido que afrontar con la Ley de Justicia y Paz y la posterior entrega de quienes después fueron extraditados. Se conserva, sin embargo, un manto de duda asociado con el hecho de que son sus copartidarios los que aparecen vinculados al tema.

Por ahora todo indica que en materia de la reelección Uribe decidió emular a Poncio Pilatos, quien en realidad, en lugar de abstenerse de decidir, tomó la decisión de no decidir mientras las cosas lo obligan a otra cosa.

 

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