Uribe y Trump

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Donald Trump y Álvaro Uribe son dos personas muy diferentes, que han gobernado en dos épocas distintas, en dos países bastante disímiles. Uno es gringo, alto y juega golf; el otro es paisa, bajito y monta caballos finos. Trump es presidente y el trumpismo cumple cuatro años; Uribe es expresidente y el uribismo lleva 18 años. Trump utilizó su abogado para pagarle a una estrella de porno para que no hablara y Uribe dispuso que el suyo les pague a testigos para que digan mentiras. Trump es más rico que Uribe, aunque Trump dice ser más rico de lo que es, mientras Uribe es más rico de lo que dice.

Pero, fíjense, hay varios paralelos y semejanzas entre los dos.

En 2002, Uribe fue elegido presidente con la bandera de Primero Colombia, 14 años antes de que Trump ganara con America First. No estoy insinuando que Trump se haya copiado de Uribe, pero la graciosa coincidencia sí denota el carácter nacionalista de ambos.

Tanto Uribe como Trump han construido sus discursos y elaborado sus narrativas en contra de un enemigo, exacerbando el miedo e incentivando el odio. Claro, los enemigos son distintos para cada uno. Para Uribe, son las FARC, Venezuela, el castrochavismo y el más castrochavista de todos, Santos. Para Trump, son los inmigrantes hispanos y musulmanes, China y los “fascistas de extrema izquierda radical” (cito textualmente), pero el que más odia es a Obama. Ambos se presentan como líderes salvadores de sus patrias y son furibundos anti-izquierdistas. Tienen sus bases de seguidores fieles y fanáticos y los dos son magos del Twitter para conectarse con ellos. A Trump lo adoran las milicias de extrema derecha en USA y a Uribe los paras en Colombia.

Pero volvamos a las diferencias. No me cabe la menor duda que Uribe es mucho más inteligente que Trump. Trump es racista y abiertamente sexista y Uribe no lo es. Mientras las milicias gringas portan armas, aquí los paras las usan para cometer masacres. No son lo mismo.

Trump y Uribe no son amigos. El amigo de Uribe fue Bush, quien no es fan de Trump ni viceversa. De hecho, recordemos que Trump no distinguió a Uribe en Mar-a-Lago al comienzo de su gobierno cuando Pastrana hizo el oso de lagartearse con Marco Rubio unas boletas de entrada al lujoso resort.

No obstante, Uribe y Trump sí son aliados ideológicos y estratégicos. El respaldo que Uribe recibió por parte del vicepresidente Mike Pence, pidiendo que le permitieran defenderse en libertad, es tanto una aberrante intromisión en los asuntos internos de nuestro país como lo es una señal inequívoca de la importancia que la figura de Uribe tiene para la derecha internacional. Además, Trump y Uribe hacen parte de un fenómeno político de “hombres fuertes”, provenientes de lugares muy diferentes del mundo, cada uno con sus características propias, pero que se asemejan en el autoritarismo, el personalismo y el desdén por los estados de derecho, el derecho internacional y las instituciones multilaterales: Bolsonaro en Brasil, Modi en la India, Duterte en Filipinas, Erdogan en Turquía, Orban en Hungría, Lukashenko en Bielorrusia y, por supuesto, Putin en Rusia.

Lo cierto es que hoy Uribe y Trump se encuentran ambos en aprietos. Cada uno ve en el horizonte su peor pesadilla: Trump teme estar yendo hacia una derrota en las urnas en su intento por la reelección y Uribe hacia la cárcel, ya no preventiva sino como condenado.

Trump se defiende atacando la legitimidad de las elecciones, sembrando rumores de fraude y debilitando el servicio postal para impedir el voto por correo. Uribe ataca a la Corte Suprema, intenta evadirla renunciando al Senado y acusa a la justicia de estar conspirando contra él. Arrinconados los dos, ninguno se irá sin pelear, sea como sea, con tal de salvarse. Primero ellos.

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La semana pasada fue muy triste. Fallecieron mi querido primo Gabriel Pardo García-Peña y el apreciado maestro de maestros Abel Rodríguez Céspedes. Una sentida despidida a los dos. Paz en sus tumbas.

danielgarciapena@hotmail.com

* Profesor de la Universidad Nacional de Colombia y Director de Planeta Paz.

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