Por: Cecilia Orozco Tascón

Ustedes sabrán por quién votar

LOS MOVIMIENTOS QUE HIZO JUAN Manuel Santos para reabrirle campo a sus aspiraciones, dan la impresión de un hombre desesperado, dispuesto a todo con tal de no soltar la presa.

Hay que comprender, primero, lo que pasa por el cerebro de este competidor nato cuando anuncia que va a "relanzar" su campaña. Él se siente más preparado, más culto, más refinado, más mundano, y claro, más experto y más ejecutivo que cualquier colombiano, incluyendo a los ex presidentes y al propio Uribe, aunque no lo confiese abiertamente. Después, uno puede entender cómo salvó al país de una debacle financiera y del terrorismo de las Farc, en un par de actos de heroísmo solitario. No invento. Me limito a interpretar su hoja de vida, la misma que circula en cuanta página web se consulte.

A esta criatura iluminada le entra, de pronto, un rapto de sinceridad y confiesa que fumó marihuana. ¿Le creen? Para Juan Manuel es mucho más placentero mentir que trabarse con un cacho. Y no ahora, sino en cualquier época de su vida. Repaso su currículum: a los 21 inició su carrera en la Federación de Cafeteros y antes había optado por ingresar a la Escuela Naval como cadete. ¿Se lo imaginan de hippie? ¿A qué horas? Pero bueno, esa es una anécdota sin importancia con la que Santos pretendía, únicamente, iniciar los fuegos artificiales del lanzamiento de su imagen posmockus. Lo sustancial venía más tarde. Un vistazo indica cuán esencial fue el cambio provocado por el huracán verde:

Usar los colores verde, rojo y blanco, en vez de naranja. Preguntarse "dónde estaba, de dónde venía y para dónde iba" (cito sus palabras). Intercambiar a Alberto Velásquez por Roberto Prieto. Reubicar a Nicolás Uribe para que no estorbara. Trasladar a Ricardo Galán de la oficina de prensa a la oficina de al lado. Contentar con ese trasteo, a los reporteros que estaban berracos con el maltrato de Galán; nombrar a otro reportero para que hablara el idioma de sus pares. Y lo máximo: armar un superequipo de propaganda política. Armarlo, no. Descubrirlo, es el término exacto. J.J. Rendón, quien llega precedido de mala fama continental, será el gran capo de la estrategia. El saliente congresista Nicolás Uribe, quien no es precisamente un enemigo del Presidente ni de Santos, ha contado cómo Rendón amenazó con involucrarlo en un lío con prostitutas, por no haberse supeditado a sus órdenes. Gina Parody ha referido la sugerencia que hizo este individuo para disolver una reunión de la U en momentos en que se iba a tomar una decisión que Rendón no compartía: inventarse que había amenaza de bomba en el recinto. El publicista Germán Medina se enfrentó judicialmente a la U para que le pagaran un trabajo de su propiedad intelectual que se apropió Rendón: el nombre y el logo del partido. Le pagaron $35 millones para que desistiera de la demanda. A Rendón se le atribuye, por sobre todo, ser el rey del sabotaje a los correos electrónicos y a los foros virtuales de los medios de comunicación. Ser el genio de los rumores, y el difusor de las más bajas calumnias. Este personaje tan especial, es el que trajo del exterior Juan Manuel para enfrentar a Mockus. Como afirma Juan Gabriel Uribe, jefe de debate de Noemí Sanín: Santos "debe tener mentalidad similar" a la de Rendón porque "quien contrata" sabe para qué lo hace. Y ustedes sabrán por quién votar.

 

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