Por: Columnista invitado

Utopía

Por: Alberto López de Mesa

Las abejas en sus colmenas, las hormigas en sus termitas, las bandadas de aves migratorias, los cardúmenes de peses, todas las especies gregarias realizan su existencia en organizaciones naturales que obedecen a la conciencia genética colectiva. La humanidad, pese a la racionalidad y a la auto conciencia, o acaso por lo mismo, no reconoce una forma organizativa que satisfaga equitativamente las necesidades o los intereses de toda la colectividad. Hemos vivido matriarcados, patriarcados, teocracias, monarquías, dictaduras, democracias, colectivismos, socialismos, capitalismos, pareciera que el impulso de la especie fuera la perenne búsqueda del gobierno justo y de la sociedad perfecta, de hecho este ideal lo han expresado y propuesto a través de los tiempos los artistas, los filósofos y algunos políticos.

El impulso de este anhelo de la existencia perfecta estaría en los mitos del paraíso perdido que describe la biblia en el génesis, del Nirvana de los budistas, de otra parte, en el mito de la Atlántida que suponía la consumación de la ciudad desarrollada y armónica. Fue platón quien la refirió en uno de sus diálogos y también quien propuso como “República ideal” una sociedad piramidal en cuya punta de gobierno debían estar los más instruidos dirigidos por un rey sabio, los ejércitos en la mitad y los trabajadores y los esclavos en la base, de alguna manera, sobre esa noción se organizaron las naciones en occidente e incluso las democracias primitivas, pero en ningún caso esta estructura piramidal logra la panacea social, al contrario propició las los autoritarismos, las hegemonías, el esclavismo irracional, la estratificación discriminatoria, la desigualdad social, la lucha de clases. Es el escritor inglés Tomás Moro en 1516 quien se inventa la palabra que recoge el anhelo atávico de una sociedad ideal: “Utopía” también es una isla imaginaria descubierta por un explorador fortuito que describe una sociedad más democrática que la República de Platón, en ultimas es un ajuste al feudalismo, pero lo importante es la trascendentalidad que adquirió el concepto, en realidad desde la construcción griega tendrá dos lecturas “a-topos” no lugar, “ou- topos” buen lugar, ambos sentidos han hecho carrera y hoy le decimos utopías a las ideas imposibles y también a los estados ideales.

En la literatura futurista y de ciencia ficción encontramos propuestas utópicas de diversa índole, en unas rigen las máquinas, en otras los poderes militares, políticos o económicos. También los teólogos y los científicos se han aventurado a proponer modelos de sociedad, sin duda el más revolucionario fue el “Comunismo” propuesto por Carl Marx y que abolía las clases sociales, cuya aplicación se aventuró por medio siglo en el seno mismo de una gran potencia, en la zarista Rusia. Otros economistas han propuestos modelos de relaciones y de gobiernos que fundamenten el ideal capitalista, hay quienes ven el mundo regido por los corporaciones financieras, un gran banco gobernando el mundo y avalando ya no presidentes si no gerentes de países, los anarquistas por su parte en su romántica porfía de negar el Estado y concebir una sociedad libertaria, han visto que los Neo-liberales también proponen la marginación del estado toda vez que prefieren que las necesidades humanas sean tratadas como mercancía ofrecidas por las empresas privadas.

Así, pues, estaremos en búsqueda constante de una forma de gobierno y de una forma de organización social ideal, aun persiste el pulso entre quienes valoran lo público y quienes valoran lo privado. En la actual hegemonía del Mercado la ambición, la avaricia, la codicia se impone y la tendencia al monopolio es necesario contrarrestarla con medidas participativas, con el fortalecimiento de la democracia y con una madurez de los estados en su papel regulatorio y legislador. Muchas son las expectativas humanas que requieren ser soñadas desde las utopías.

Ante los anhelos de la mayoría, ante la obligada búsqueda de un mundo justo, las utopías no pueden perder vigencia, son el motor de los cambios, por ello encontrarán oposición en los grandes monopolios que crearon el establecimiento a su gusto y en la comodidad del poder trataran contra viento y marea de mantener los modelos existentes.

Bienvenidas las ideas utópicas, fundamento de la renovación y de los cambios en el arte, la ciencia y la sociedad.

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