“V” de victoria (… y de vencido)

Noticias destacadas de Opinión

Prestige (prestigio) es una palabra francesa que, en francés original, significa algo que la gente ignora: deceit (engaño)”, Jon Reider, antiguo encargado de admisiones de la Universidad de Stanford (documental Operation Varsity Blues: The College Admissions Scandal).

Están reventados de pensar y apostarle a la victoria. Para muchos jóvenes con aspiraciones universitarias, la pandemia fue solo el acelerador de una detonación que ya era inevitable. El discurso en torno a las formas del éxito, su lugar en nuestras conversaciones (cada cual con su versión de “ascenso” social), se transformó en una condena tanto en el plano íntimo del hogar como en el colectivo.

En marzo de 2019, el Departamento de Justicia de Estados Unidos desveló el mayor fraude en admisiones universitarias en la historia de ese país. Desde banqueros hasta estrellas de Hollywood (como Felicity Huffman, actriz de Amas de casa desesperadas) resultaron implicados en la compra de acceso para sus hijos a las universidades más prestigiosas.

El eco homogeneizador de charlas preuniversitarias, coaching, cadenas de WhatsApp, libros de autoayuda, podcasts, grafitis, afiches y camisetas, familias en la mesa del comedor, invita a los jóvenes a perseguir modelos de victoria cuyo cénit es un diploma y que nada tiene que ver con su significado, es decir, con la transformación que llegar a merecerlo pueda ocasionar en el mundo inmediato, propio y ajeno.

¿Qué les estamos exigiendo a nuestros hijos? ¿La posibilidad de que un joven acceda a universidades de la calidad de la Ivy League o el Russell Group (o versiones criollas como la Nacional, los Andes, Eafit, etcétera) se plantea como un horizonte amplio o como un camino estrecho? ¿Cuántas noches en vela cuesta cada punto en las pruebas estandarizadas y exámenes de admisión? ¿Cómo se debaten en la mente de un adolescente los conceptos de “éxito”, “mérito”, “felicidad”, “prestigio”? ¿Hasta dónde permea este discurso las protestas callejeras de los jóvenes que reclaman el derecho a la educación?

El arte —siempre visionario— había advertido esta debacle con películas como Little Miss Sunshine (2006) o el documental Operation Varsity Blues: The College Admissions Scandal (2021). El ensayo La tiranía del mérito, de Michael J. Sandel (Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales, 2018), se aproxima desde una óptica filosófica a la meritocracia.

El acceso a una “institución de élite” supera la cuestión del futuro intelectual y laboral de un joven. La posibilidad (por derecho o privilegio) de elegir con libertad a qué dedicará el resto de su vida se ha concentrado en el estatus: en una distorsión macabra de la movilidad social, los hijos parecen convertirse en el vehículo de ascenso social de sus padres.

Sandel ahonda sobre la meritocracia como un proyecto moral y político que terminó por erigirse en una “aristocracia hereditaria”, una casta, “un mito, una promesa distante que aún estamos lejos de haber materializado”. Un ideal defectuoso en sí mismo por cuanto algunos poderosos han amañado el sistema para perpetuar sus privilegios.

Y en medio de este agite demencial: nuestros hijos. Ojerosos. Desvelados. Cual maestro de yoga, a las dos de la mañana, miran un punto fijo en el techo, mientras cuentan ovejas saltando una cerca. Cada una es un punto de la prueba estandarizada que pronto presentarán con el resto del rebaño.

Comparte en redes: