Por: Juan Pablo Ruiz Soto

Las vacas comen bosque y gente

Según la organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en su informe “El estado de los bosques del mundo” (2016), el 71 % de la deforestación reciente en Argentina, Colombia, Bolivia, Brasil, Paraguay, Perú y Venezuela se realiza para la ganadería extensiva y el 14 % para cultivos comerciales.

Los apoyos gubernamentales a la ganadería extensiva han fomentado la deforestación, pues mejoran la rentabilidad ganadera y generan presión para ampliar la frontera agrícola. Dicha ganadería implica destrucción masiva de bosque con muy baja generación de empleo. Por ello se dice: las vacas comen bosque y gente. Una familia maneja más de 100 hectáreas en praderas ganaderas. Deforestar la totalidad de la Amazonia y el Andén Pacífico para ganadería incrementaría en menos del 1 % el PIB colombiano.

Según la FAO, la seguridad alimentaria puede lograrse mediante la intensificación agrícola, sin expansión de la frontera agrícola. Desde 1990, más de 20 países a nivel global mejoraron su seguridad alimentaria, manteniendo o aumentando su cobertura forestal.

Para frenar la deforestación, propone impulsar políticas de incentivos asociados a criterios ambientales, restauración de suelos, pago por servicios ambientales (PSA), sistemas silvopastoriles y vinculando los mecanismos de fomento que recibe la explotación agropecuaria al cumplimiento de normas ambientales. En Brasil, una reforma de este tipo vinculó las subvenciones al crédito rural con criterios ambientales y evitó la pérdida de 270.000 hectáreas de bosques. La entrega de compensaciones en efectivo a quienes mantienen la cobertura vegetal y gestionan de forma sostenible sus recursos naturales también ha sido exitosa en Brasil.

Un hecho positivo en América Latina: según la FAO, debido a políticas impulsadas por los gobiernos, la tasa de deforestación en 2015 se había reducido casi 50 % con respecto a 1990.

El mayor éxito es Costa Rica, donde la deforestación se frenó y hoy presenta recuperación de la cobertura boscosa, gracias principalmente al PSA. Se han conservado y recuperado cerca de 437.000 hectáreas, incentivando a los agricultores a plantar 5,4 millones de árboles, generando corredores biológicos y apoyando la conservación en territorios indígenas. Entre 1996 y 2015, las inversiones en PSA en Costa Rica alcanzaron US$318 millones. El PSA también se ha hecho masivo y exitoso en Ecuador, México y Guatemala.

Otra forma de reducir la presión sobre los bosques nativos es el desarrollo de plantaciones forestales para atender el mercado de maderas. Esto ha sido exitoso en Uruguay y Chile. Según la FAO, las plantaciones en Chile han reducido la presión sobre los bosques naturales, reduciendo la explotación forestal industrial del 16,1 % en 1990 al 0,8 % en 2013. Desde 1990 se ha producido un aumento del 8 % de la superficie de bosques primarios y secundarios en Chile.

En Colombia, a puertas de la firma del acuerdo de paz, los interrogantes son: ¿Cómo se transformará el paisaje en el corto plazo? ¿El Gobierno incentivará la ganadería extensiva o, por el contrario, con propuestas innovadoras logrará mejorar la seguridad alimentaria, el empleo y la calidad de vida de los habitantes del campo? Hay condiciones históricas que pesan, pero de lo que se haga hoy depende la respuesta a este interrogante.

 

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