Por: Diana Castro Benetti

Vacíos plateados

Hay unas brechas que no vemos y otras desde las cuáles vamos viviendo las vanguardias de los días como confundiendo los encajes con la razón.

Hay quienes adoptan las tecnologías de locura para saltar y otros que buscan la moda de lo inimaginable para existir. Huertos y ventanas que disponen la realidad de una manera tan diversa que pocos percatan el cruce de frontera o las grietas de los atardeceres. Actos sociales, de pasión y tan políticos como religiosos que dictan las normas de lo novedoso y que son vacíos para tomar el aliento y dar un paso incomparable.

Pero todos en cada instante de vida perseguimos como lunáticos esos vacíos entre latido y latido porque sabemos que son los portones entre el día y la noche, el abrazo y el beso o la voluntad y el destino. Son los resquicios de lo maravilloso, los grises de la vida y los portales que abren posibilidades y rompen cadenas.

Y aún más sorprendente, es ese vacío que nace entre pensamiento y pensamiento. Un espacio ideal para creer en lo imposible, en la magia y los milagros para un mundo mejor. Tan silencioso como el plateado brillante y tan colorido como la fluorescencia de un mar nocturno, no hay un lugar entre un pensamiento y otro que se parezca a él mismo. Cada uno es diferente y ajeno y cada vacío es la mezcla del humo con la serenidad o el viaducto espacial para llegar al encuentro de sí.

Estos lugares inasibles e indescriptibles hacen del encanto del ser una tecnología en acción porque es ahí donde aparece lo que se busca y se irradia cada acto cotidiano con el descanso, la imaginación, la libertad y el paraíso. Con la sencillez que aporta una inhalación, sólo hay que permitir que los pensamientos lleguen y desaparezcan, vayan y vengan, se instalen y se muden. Es respirar desde el corazón para observar el ruido interno y dejar partir cualquier idea. Toda idea.

El vacío entre un pensamiento y otro no es un suceso de ficción y mucho menos de locura. Tampoco es realidad. Es lo que es: el infinito al alcance de un respiro.

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