Por: Columnista invitado
A mano alzada

Vacuna contra sanciones internacionales

Por Fernando Barbosa

Las sanciones económicas de Trump contra el gobierno de Venezuela no parecen tener un buen futuro. En el año 1997, cuando estábamos en medio del proceso 8.000 y se le había cancelado la visa al presidente Samper, se especulaba que el posible movimiento siguiente de los Estados Unidos podría venir por la vía económica o comercial. Fue en esa coyuntura en la que conocí un catálogo de sanciones unilaterales de Washington con fines de política exterior entre 1993 y 1996. Se trataba de un trabajo contratado por la National Association of Manufacturers.

El estudio, que cubrió los 35 países sancionados en ese período, reveló que el mecanismo, salvo en muy pocos casos, no alcanzó los objetivos de política exterior que se perseguían. Y no fue asunto de poca monta pues, sumados, representaban el 42 % de la población mundial y el 19 % del mercado del total de exportaciones del mundo; ello explica las pérdidas que soportaron los fabricantes estadounidenses al caer sus exportaciones.

Las conclusiones fueron muy precisas: “Las sanciones económicas unilaterales rara vez, o casi nunca, han tenido el impacto deseado frente a los regímenes objeto de la sanción. Bajo casos claramente definidos de emergencia nacional o internacional, el proscrito uso de sanciones económicas podría de hecho justificarse si logra determinarse que las sanciones tienen una alta probabilidad de alcanzar los objetivos de política buscados y de que los bienes, servicios o inversiones en cuestión no estén disponibles ni puedan ser provistos por otros países de tal manera que debiliten la eficacia de las medidas. Dudamos de que muchas de las sanciones [estudiadas] cumplan con esta prueba”.

Aunque los datos se concentran en medidas unilaterales, cuando se observan aquellas de orden multilateral, como las impuestas a Rusia, el resultado no ofrece cambios substanciales. Queda claro, eso sí, que cuando se produce un vacío casi siempre llega alguien a ocuparlo. Recordemos a Cuba en los 60 y miremos lo que podría suceder en Corea del Norte. Las estrategias indican que lo recomendable es no salirse e insistir en las negociaciones.

Recuerdo que el efecto interno del incidente de la visa de Samper tuvo muy poca vida. Recién conocido el hecho, el presidente visitó Chaparral. En la plaza pública le preguntó al pueblo: “Verdad que yo no necesito visa para venir aquí?”. Y se oyó un estrepitoso “¡Nooo!”. Esa es la mejor vacuna contra estas medidas y es, además, genérica: se llama nacionalismo y está al alcance de todos. Pocas cosas logran efectos efervescentes tan rápidos como los que se alcanzan invocando el honor nacional. Repasemos la tragedia de Sófocles Áyax, para entender cómo funciona el honor vulnerado.

 

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